Wednesday, November 17, 2010

Volición

El primer recuerdo que apareció en mi cabeza luego de volver a poner pie en este lugar fue el tobogán oxidado que conservabas en tu jardín. No sé por qué, sólo pensé en él, en la última vez que me subí y cuando prometí que no habría otro lugar en el que me divertiría más. También recordé ese club de camping al que nunca me invitaste pero del que siempre hablabas, y me acuerdo perfectamente de la parrilla que llevaban, y del lugar donde la ponían. Recuerdo una tarde calurosa en el parque, no había nadie, sólo carros estacionados, muchas piedras y mis ganas incontrolables de romper algo. Ahora que he regresado todas esas imágenes llegan a mí y no sé qué hacer con ellas, no sé adónde ir o si te encontraré a ti o a los demás, si los recuerdos se mantienen fieles a las experiencias o si tal vez he decidido inventar una vida que no me pertenece. Si puedes escucharme, por favor despiértame.


¿Cuál es la fórmula química de las pesadillas?

Monday, November 1, 2010

Frenesí de fantasías incumplidas

No era dormir aquello que le molestaba. Podía aguantar la noche entera soñando; lo había hecho desde pequeño. Pero lo que causaba tremenda ansiedad en él era la posibilidad de tener un sueño repetido, volver a pasar por las mismas situaciones, recorrer de nuevo locaciones oníricas y experimentar sensaciones iguales otra vez. No era algo que sucediese muy a menudo, pero cuando sí era así, podía pasarse semanas reviviendo los mismos sueños, noche tras noche.

Quizás podía soportar con cierta paciencia aquéllos en los que pasaban cosas amenas o que lo hacían sentir bien; las mañanas siguientes debía convencerse de que nada de lo soñado había pasado realmente, que el buen humor con el que despertaba no debía influir demasiado en su forma de ser. Pero la historia era otra con las pesadillas. Abría los ojos en medio de la noche y sufría por mantenerse despierto lo que restaba de aquélla, seguro de que volver a dormir supondría regresar a experimentar miedo y dolor.

Cuando me contactó por ayuda estuve a punto de echarlo de mi oficina al creerlo un demente, pero mi curiosidad pudo más y tuve que averiguar qué le sucedía. Toda mi vida deseé crear una máquina que pudiese proyectar en forma de imágenes lo que soñamos, pero aunque aún no consigo hacerla realidad, sí puedo jactarme de ser uno de los pocos poseedores de un aparato capaz de medir las emociones de los sujetos mientras se encuentran en estado de sueño. Tuve que utilizarlo con él.

Durante las primeras sesiones lo notaba muy inseguro respecto a mis métodos, pero al final siempre lograba convencerlo. Lo recostaba sobre la camilla, le colocaba los implementos de medición, aplicaba el sedante y me pasaba el resto de la noche observando los datos en la computadora mientras el individuo soñaba. Durante el día me dedicaba a analizar los resultados e iba archivándolos con la esperanza de encontrar alguna clase de patrón. Todo un mes seguimos con el mismo procedimiento, él en la camilla y yo tras el escritorio, hasta que un día intenté algo diferente.

Como parte de mi investigación y experimentación para construir la máquina proyectora de sueños, había diseñado un cableado especial que no cumplía con la función para la que había sido hecho, sino una que vi útil para esta situación. Uno de los patrones que hallé en los sueños del sujeto, y guiándome por lo que me dijo, es que solía tener tres noches seguidas de "sueños positivos", dos de "pesadillas" y el resto de "no-sobresalientes". Así que, cuando noté que durante dos noches su nivel de emociones positivas se elevó por encima del promedio, la tercera le coloqué una extensión del cableado especial y el extremo opuesto lo conecté a mí mismo.

La idea era aprovecharme de su sueño, de las emociones positivas que tendría que haber experimentado y hacerlas mías. Me recosté en una segunda camilla, cerré los ojos y dejé que las sensaciones se adueñaran de mí. Sin embargo, una de las cosas que fallé en prever, una de las variables que no tuve en cuenta a pesar de haber dedicado horas al proyecto, fue deducir que aquello positivo para uno no necesariamente lo es para otro. Y, aunque mi intención sólo era nutrirme de las emociones, cumplí mis deseos, si bien de una manera totalmente diferente a la que había esperado, de ver los sueños ajenos.

Yo era el sujeto. Y él caminaba entre sombras hacia una ciudad de fuego, y yo sentía que había estado ahí antes, sabía que el aire y las cenizas que entraban por su nariz hasta mis pulmones nos eran familiares. Allá a lo lejos nos saludaba alguien desde la penúltima ventana de la derecha en el edificio más alto, pero al acercarnos notábamos, sin sorpresa, que era un ave atrapada intentando salir por esa misma ventana. Las pistas estaban cubiertas por roca carbonizada, y sobre ellas se deslizaban las cáscaras que eran las personas, algunas prendidas en fuego, otras humeando. Quise detenernos, dar la vuelta y escapar, pero en el fondo sabía que debía ser de otra manera. Mi corazón palpitaba con violencia y sus ojos estaban irritados por el calor. Podía sentir algo en mi costado, algo que se movía por debajo de la piel y mordía de a poquitos, cada vez más fuerte, cada vez causándonos mayor dolor.

Fue entonces que desperté en mi oficina, empapado de sudor y paralizado por el horror de la experiencia. Me costaba respirar, me atragantaba con mi propia saliva y en cada parte de mi cuerpo sentía una presión enorme, como si alguien o algo estuviese sobre mí aplastándome. Con desesperación y tras varios minutos pude ponerme en posición vertical y quedar sentado sobre la camilla, adolorido pero ya más en control de mis movimientos. Entonces noté la máquina medidora de emociones, en el suelo y hecha pedazos, aunque no me sentía mal, quizás embargado por la tranquilidad de saber que no me había pasado nada malo. En ese momento pensé en el sujeto y preocupado volteé la cabeza. Lo vi recostado sobre su camilla. Era yo. Y había muerto.


Soñar tiene sus riesgos.

Sunday, October 24, 2010

Laberíntico

No sé si es la vida quien me lleva hacia ti o tú quien se acerca, y aunque intento no darle importancia, vuelves a aparecer frente a mí, como una señal que soy incapaz de entender, una serie de significados que han ido tejiéndose a tu piel para conformar esa imagen tan familiar que resuena en mis recuerdos, pero suficientemente difusa como para no reconocerte. Lo peor no es fallar en saber quién fuiste, sino verte dar pasos hacia atrás cuando yo los doy hacia adelante, o notar que vacilas cuando no hay paso alguno. Es por eso que hasta que no consiga descifrarte o yo mismo crear una imagen en tus pensamientos, me contentaré con llegar a la mitad del camino, donde tal vez la vida ya te haya llevado a ti.


La vida y sus inexplicables métodos.

Sunday, October 10, 2010

Peor que los cigarrillos

Antes de salir de casa te cercioraste de tener los mil dolares en el bolsillo, aún sin saber para qué diablos te los había dado tu padre. Como todas las madrugadas, ibas de camino al paradero donde subirías al carro de siempre, dormirías la hora entera de viaje y pasarías cerca de ocho horas sentado detrás de un escritorio leyendo y firmando papeles en blanco. Pero un golpe en la cabeza hizo de esta madrugada algo totalmente distinto.

Cuando abriste los ojos notaste que estabas sentado detrás de un escritorio, pero en lugar de papeles había cuchillos, pinzas, sierras y herramientas que nunca habías visto en tu vida, todas brillando bajo la única lámpara del pequeño cuarto. Intentaste moverte, pero al instante notaste las cuerdas que te mantenían sujeto a la silla, así como la mordaza que cubría tu boca, y pronto una voz que provino de algún lugar de la habitación te hizo olvidar por completo lo anterior.

Luego de adaptarte un poco a la iluminación, conseguiste ver a quien hablaba, una silueta delgada inclinada en el umbral de la puerta con una mano en el bolsillo y la otra sujetando un cigarrillo prendido. Decía que habías sido raptado, que no tenías nada de que preocuparte, que las cosas sobre la mesa no serían usadas en ti sino que solían ser para otros trabajos. El corto tiempo que estuvo parado ahí, mientras terminaba de fumar, se dirigió a ti de manera muy amigable, mencionó que no te harían daño, que saldrías en libertad incluso si no pagaban el dinero pedido y hasta habló un poco de sí mismo, de lo mucho que le interesaba el béisbol. Después de eso se fue.

Minutos más tarde, quizás horas, regresó. Entró al cuarto, cogió uno de los cuchillos de la mesa y se acercó a ti rápidamente. El miedo que sentiste en ese momento no permitió que reparas en su rostro, ahora iluminado, sino en el arma, la cual llevó hacia ti de manera aparentemente amenazadora. Sin embargo, pronto notaste que se dirigía a las cuerdas, y en poco tiempo estuviste liberado. Pero antes de levantarte y salir corriendo, el sujeto te cogió de los brazos y dijo algo que no pudiste escuchar. No te soltó, como si esperase algo, tal vez una respuesta.

Pasaron unos segundos y volvió a hablar, y nuevamente no conseguiste escucharlo. Y otra vez quedó en silencio. Sin poder decir nada a causa de la mordaza, asustado, ansioso y desesperado, usaste toda tu fuerza para zafarte y golpearlo en la mejilla. Pero una vez que el individuo estuvo noqueado, escapar ya no estaba dentro de tus planes. Quien yacía en el suelo era un viejo compañero, un chico con el que habías perdido comunicación hacía ya casi doce años, el único amigo que hiciste durante las clases de béisbol en la academia.

Confundido, metiste la mano en el bolsillo esperando que no te hubiesen revisado al raptarte y de él sacaste los mil dólares que tu padre te dio aquella mañana. Los pusiste al lado del muchacho, tomaste uno de los cigarrillos que viste sobresalir de su camisa y lo partiste en dos luego de susurrar "esto terminará matándote". Saliste apresuradamente de la habitación y no miraste hacia atrás hasta que estuviste fuera del complejo en el que te mantenían prisionero. Al cabo de unas horas estuviste de vuelta en tu casa, con unas ganas increíbles de batear algo.


La rutina es peor que los cigarrillos.

Monday, October 4, 2010

Atrás no hay nadie

Nos tropezamos un lunes como hoy, hace siete días, te vi y por unos instantes no supe qué pensar de ti. Estabas sentada frente a mí dos meses atrás, hablando del amor y de la muerte mientras comíamos alfajores. Un año antes paseábamos por las tiendas de una galería y pedías que te grite como si estuviese enojado contigo, pero yo no quise. Varios días anteriores a eso regresabas de un viaje al extranjero y traías una maleta a pesar de haberte marchado con dos; decías que parte de ti se había quedado en el camino, que era mejor así. Hace cuatro años te hablé por primera vez, ya no sé ni cómo me atreví, y terminamos yendo al cine a ver una mala película. Estabas frente a mí cinco años atrás, no te había visto antes, no sabía quién eras o por qué mis amigos te conocían; sólo sé que ese fue el peor día de mi vida. Nos tropezamos un lunes como hoy, y desde entonces no te he vuelto a ver.


Un vistazo al pasado ayuda a aclarar el presente.

Monday, September 27, 2010

Eres como creo recordarte

La chica de los ojos verdes, perdida en el pasado como una imagen fuera de contexto, como la palabra a gusta en la punta de la lengua. Se escabulle entre tus sueños y los míos, disfrazada con recuerdos de una vida diferente pero familiar; es la fantasía de mis fantasías y el fantasma que te ronda, quizás recurriendo a sus encantos para salvarnos de algún mal camino, quizás solo aburrida. Se acerca, se abre paso entre miles como ella, extiende la mano y mira la tuya, pero antes de poder actuar la vista la pierde. No es más que una imagen, un efímero sabor. Y así de rápido como llega, aún más rápido se va.


Esa sensación de saber y conocer, y a la vez no tener idea.

Sunday, September 26, 2010

El hombre de los cincuenta


Había escuchado que lo llamaban "el hombre de los cincuenta", aunque ella sabía que con quien ahora se encontraba conversando, por donde quiera que lo mirase, no podía pasar de los treinta años. Tampoco parecía mostrar rasgos que lo vinculasen a aquélla lejana década, así que el apodo debía referirse a otra característica. Su imaginación la hacía inclinarse a centenares de posibilidades, cada una más improbable que las anteriores, y fue esto lo que en definitiva ocasionó que optase por saciar su curiosidad, así que se lo preguntó directamente. El hombre frunció el ceño, como si no creyese lo que estaba oyendo, pero ella estaba decidida a resolver el misterio, así que presionó por una respuesta. Enfurecido, el hombre se puso de pie, sacó su gorda billetera desprovista de tarjetas de crédito y dejó el dinero que cubriría el pago de su café. La chica no lo vio irse; su mirada fija sobre todas las monedas de cincuenta céntimos amontonadas en la mesa. Sonrió satisfecha.



El mundo necesita más excéntricos.

Friday, September 17, 2010

Falso recuerdo

Anoche tuve un sueño acerca de un recuerdo, una serie de televisión que no veía desde muy niño, y no pude contener las lágrimas al despertar, conmovido por las emociones del momento. Durante esos reconfortantes minutos me aferré a la imagen en el sueño y me sentí invadido por nostalgia y alegría; me vi a mí mismo de pequeño disfrutando horas interminables de juego, me vi en una de las etapas más felices de mi niñez.

Sin embargo, una vez que los sentimientos evocados fueron disminuyendo en su fuerza, al tratar de no dejar ir el recuerdo de esa serie de televisión, noté que algo parecía estar fuera de lugar. Esa imagen en el sueño era lo único que podía rescatar, no tenía nada más de dónde sujetar aquélla memoria, no había otro recuerdo más que el soñado. Me veía a mí mismo de niño viviendo cosas que realmente pasaron, pero esa serie no aparecía en mis recuerdos.

Y fue así como entendí que nunca había existido tal programa; que, efectivamente, mi vida había sido feliz, aunque sin él. Lo que en un momento tomé como cierto no era más que un hecho que nunca pasó y que mi memoria trató de hacer real. Pero ¿por qué? ¿Por qué inventar una ilusión que, al fin y al cabo, no cambia en nada mi pasado? ¿Por qué soñar un recuerdo falso? Y, aún más importante, ¿sería el único?


El sentir es verdadero, no importa cuán falso sea aquello que lo causa.

Thursday, September 2, 2010

Invisible a la vista (segunda parte)

Volví a verlo, esta vez en la playa, y recordé algunas de las cosas que había estado haciendo para recobrar la identidad que una vez perdió. Al comienzo no supe qué pensar, pues creía que no querría volver a ser él mismo y que por ello había apostado por conseguir una nueva persona. Pero tras meditarlo comprendí que ya no se trataba huir de sí mismo al vivir sin identidad, sino de volver a ser alguien, incluso si eso suponía regresar a ser lo que fue. Un año sin que el mundo lo reconociese o lo tomase en cuenta por más de unos segundos debe haber sido suficiente tormento.

Acudió a la casa de sus familiares en busca de una viejas videocintas en las que había sido grabado durante sus años de infancia. En ellas aparecía corriendo, saltando, jugando, gritando y llevando a cabo una serie de actividades comunes en cualquier niño de ocho años, pero para él era el material perfecto para hallarse, para analizar su comportamiento y rescatar su personalidad, su esencia. En las palabras pronunciadas, los gestos hechos y los actos realizados detectaba rasgos de lo que alguna vez fue, y de ellos se aferraba, de ellos pretendía armarse de vuelta.

Todo esto me hizo ver que su identidad no solo era desconocida por las personas en general, sino también por él mismo. Vivía en un cuerpo que le era ajeno y su comportamiento tendría que haber sido totalmente errático y desligado de consistencia, alguien diferente cada día, cada segundo. Y, sin embargo, un armatoste con características suficientemente cohesionadas, e insignificantes, como para saberse nadie en todo momento. Si alguna vez temió ser él mismo, no alcanzo a imaginar el terror que ahora le supone no ser alguien.


¿Soy lo que fui y lo que seré?

Monday, August 9, 2010

Lo intenté

¿Por qué la confusión? Prométeme que dejarás de dar vueltas en el mismo lugar, que comenzarás a darle color al mundo, tu mundo. Y que ya nada será para siempre.


Ayer te vi por última vez, en aquella foto de hace años que aún guardo por si la memoria quiere obligarme a olvidarte, esa misma foto en la que aparece una niña retratada de espaldas. Cada vez que la miro es como si te viese a ti, un corazón que no conoce la libertad, un alma que no encuentra paz. La llevé a mi lugar favorito, ése allá en lo alto donde nos conocimos, y la enterré junto al gran árbol que siempre decías querer trepar. 

¿Qué pasó contigo? ¿Por qué decidiste dejar de luchar? ¿Dónde fueron a parar tus sueños? Te encogiste de repente, aplastada por los barrotes imaginarios a los que fuiste limitándote, hasta que dejaste de ser tú; simplemente dejaste de ser. Juntaste los labios y no dijiste más. Por mucho tiempo acepté tu decisión, comprendí que estabas tan perdida como yo, y que encerrarte en ti misma era la mejor solución a un problema que ni siquiera hoy existe.

Pero estoy cansado de esperarte, y la paciencia que una vez me acompañó se ha ido diluyendo con las lágrimas. Ahora eres todas las mujeres de mi vida, una historia más a la que deseo poner fin y no puedo. Golpeo tu coraza desde afuera, grito por ti y por mí, y por todos los que te extrañan, y porque me dejaste aquí; y así vas reduciéndote.

Ya no queda mucho; muy poco de dónde aferrarse a lo que aún hay de ti, el vago recuerdo de un rostro, una sonrisa y ojos que me persiguen en sueños. Pronto el viento se adueña de ti, y en un instante no estás más. No más. Pero yo sigo aquí.


Nunca es demasiado tarde para hacer algo.

Thursday, August 5, 2010

Jugaba fútbol con un par de amigos a la salida del colegio; habíamos improvisado una portería utilizando unas rejas y el árbol cercano, y pateábamos la pelota como si el mundo fuese a acabarse en unas horas. No sé cuánto tiempo estuvimos ahí, se hacía tarde pero no teníamos intención de irnos. En un momento se acercó un pequeño grupo de estudiantes que preguntaron si podían unirse a nuestro juego, pero, siendo mi balón, fui yo quien les dijo que no. Sin embargo, no se fueron.

Continuamos jugando un buen rato, hasta que uno de nosotros dio una patada muy fuerte y la pelota quedó atorada en una de las ramas superiores del árbol. Nadie quiso treparlo, así que empezamos a lanzar piedras con la esperanza de zafarla, pero nuestra mala puntería y la creciente frustración nos lo hacían especialmente complicado. De pronto, uno de los del grupo que se había quedado mirándonos subió al árbol con dificultad y consiguió la pelota tras algunas leves caídas y luego de hacerse varias magulladuras.

Una vez que estuvo de regreso en el suelo, se acercó con los otros de su grupo y volvió a preguntar si podían jugar con nosotros ahora que habían ayudado a recuperar el balón. Yo me acerqué a él, cogí mi pelota y le repetí que no quería que se unieran, que nunca les pedimos ayuda. Y como no quise seguir discutiendo no tuvieron más opción que irse, así que nosotros seguimos jugando como si nada hubiese sucedido. Ese fue el día que morí por dentro.


Experiencias aparentemente pequeñas pueden marcarnos de por vida.

Saturday, July 31, 2010

El tipo con pistola

Eres la sombra detrás de la oscuridad, haciendo sólo lo que te hace sentir vivo mientras te escabulles tras una segunda víctima. Eres la mano en la boca, seguido por el grito ahogado, y una sonrisa chueca fuera de lugar. Eres la cadena que arrastras, el eslabón que aprieta despacito y parejo; despacito y parejo hasta el "¡crac!". Eres el tipo con pistola que cae al suelo en medio de un centenar de personas, y nadie sabe que estás ahí. Nadie sabe de ti. Y te escabulles por la tercera.


Hay quienes gritan por ayuda; hay quienes ayudan a gritar.

Friday, July 30, 2010

Me miras

A veces escucho que me llaman, como una voz en el viento que dice mi nombre y me hace voltear pensando que encontraré a alguien detrás de mí. En ocasiones reacciono sin pensar y grito a la distancia esperando que me contesten, creyendo que realmente he sido llamado, aunque nunca recibo respuesta. Pero la mayoría de veces solo sigo mi camino e ignoro el sonido. Y es en momentos como estos en los que me embarga la duda, en que pienso en la posibilidad de que sí haya alguien, de que ahora sí voltearé para ver a una persona detrás de mí, de que quizás sí he sido llamado después de todo. Pero la duda disminuye tras los primeros pasos, y, luego de unos segundos, sigo mi camino. Hasta que vuelvo a oírla.


Los fantasmas del pasado vienen y van.

Tuesday, July 27, 2010

Yo como acerrín

Recuerdo que te gustaba caminar bajo la lluvia; decías que estimulaba tu pensamiento, que ayudaba a tener mejores ideas y reflexiones más profundas. Quizás por ello siempre estabas resfriada la mayor parte del tiempo, aunque siempre con algo ingenioso e interesante por comentar.

Recuerdo una noche que desapareciste sin decir nada a nadie, te perdiste por las calles mojadas y caminaste por quién sabe dónde casi por tres horas, hasta que di contigo en la banca del paradero, sentada y tiritando de frío. Permaneciste en silencio todo el camino hasta la casa. Pero una vez allí, te escuché decir una frase que hasta el día de hoy sigue en mi cabeza.

Tal vez descubriste algo que el resto de nosotros ignora. Tal vez eres tan loca como dices serlo. Cualquiera sea la verdad, no estás sola. Y ahora creo entenderte.


Ser diferente no debería implicar vivir en soledad.

Sunday, July 11, 2010

Corre, león

Dicen que la venganza es un sentimiento arrebatador, y aunque durante años pasé mi vida pensando que nunca lo sabría, temo que ahora entiendo a qué se referían.

En mis sueños suelo viajar a los lugares más increíbles, visito extraños lugares que difícilmente existirían en el mundo real y que por ello son tan únicos y maravillosos. Pues bien, me encontraba en uno de aquéllos, uno especialmente magnífico entre las montañas, en una amplia ladera cubierta por jardines muy verdes. La vista era perfecta, pues desde este punto era posible observar, a cientos de metros más abajo, la enorme extensión de un valle adornado por arboledas y ríos. Si la historia hubiese sido otra habría llamado a éste mi lugar favorito.

Aquí arriba me encontraba junto a unas veinte personas, todos desconocidos para el resto, acampábamos como parte de una excursión en la que nos habíamos inscrito, cada uno por un motivo diferente. La primera noche no hubo mucho contacto entre los asistentes, sólo algunos saludos de cortesía y quizás por ahí una pequeña conversación sin mayores consecuencias. Pero la segunda, tras un día entero de actividades grupales y competencias amigables, la atmósfera había sufrido un cambio bastante notorio, ahora nos encontrábamos reunidos alrededor de una fogata, cantando, bailando, hablando animadamente y compartiendo nuestro tiempo. Luego de dos noches muy similares, en las que era evidente la creciente confianza que iba habiendo entre todos, hubo una tercera que transformó nuestra estadía por completo.

Uno de nosotros había diseñado y construido una batería con latas vacías, platos de cartón, botellas y rocas, y había comenzado a tocar con la ayuda de unas ramas que partió de un árbol cercano. A él se le unieron el único que había llevado una guitarra acústica y una chica que cantaba con una voz estupenda. Fue un espectáculo divertido y muy necesario, pero no pareció haberle gustado a alguno de los otros asistentes, pues a la mañana siguiente la guitarra amaneció hecha añicos y la batería había perdido todos sus componentes. Los dueños de ambos instrumentos armaron un gran alboroto, preguntando de uno en uno por el responsable de tremendo acto, pero, como era de esperar, nadie dio la cara.

Las actividades de ese día se dieron como estaban planeadas, pero esta vez había una tensión muy fuerte presente, y lo que en un principio fueron competencias tranquilas y amistosas, ahora eran luchas de poder u oportunidades de avergonzar y someter a los menos aptos. Lo que comenzó como un viaje de búsqueda personal ahora se volvía un insoportable enfrentamiento entre seres humanos perdidos y abrumados por sentimientos que ni ellos mismos comprendían. Pero lo peor sucedió al caer el sol, cuando las cosas habían menguado en son de tregua tan solo para no pasar la noche con un ojo abierto.

Durante la tarde de ese día, el que había construido la batería se escabulló del campamento y consiguió bajar hasta el valle por un sendero oculto. Su intención inicial era huir de toda esta pesadilla, pero en un punto entre su escape y el momento en que llegó al valle, algo le hizo cambiar de opinión. Deambuló por las arboledas por unas horas hasta que encontró un animal que no creyó que hallaría en un lugar con aquél, pero que sería perfecto para la ejecución de su plan.

El majestuoso león dormitaba a la sombra de un gran olmo, pero una vez que sintió el olor del trasgresor se puso en pie de un salto y lo encaró con las fauces bien abiertas y amenazantes. El baterista le dirigió una mirada similar, le gruñó igualmente y hasta sacudió su cuerpo como si supiese comunicarse con la bestia, aunque no tenía idea de lo que estaba haciendo. Y apenas notó que el furioso animal daba el primer paso, dio media vuelta y comenzó a correr tan rápido como pudo, seguro de que la distancia que lo separaba del león se iba acortando con cada segundo, y que de no llegar de vuelta al campamento a tiempo, todo lo que había planeado habría sido en vano.

Y así fue como despertaron todos en medio de la noche, ante un grito de alarma que proclamaba el sorpresivo ataque del felino. Tanto el baterista recién llegado como el resto de participantes corrimos empapados de miedo por toda la ladera en busca de socorro en alguno de los árboles, seguros de que varios no se salvarían, y que sería este terrible desenlance lo que más recordaríamos de la excursión que tendría que haber resuelto nuestras vidas en lugar de dañarlas de tal manera. Mientras jadeaba despavorido y corría lejos de la bestia, no pude evitar sonreír al sentirme seguro de que, incluso si no lograba sobrevivir a este episodio, aquel que osó destruir mi batería sufriría un destino parecido.


Felicidad, entusiasmo, angustia, dolor; no importa cuál sea el sentimiento, siempre será compartido.

Tuesday, July 6, 2010

Punto de quiebre


Podía ver mi reflejo en la leche del tazón con cereal, era yo, más "yo" que en otros momentos, divido por las hojuelas de maíz pero aún perfectamente reconocible. Me pregunto si ésta puede decirse la manera más eficaz de dar con mi verdadera imagen, aquel individuo que soy para el resto pero que yo mismo desconozco, el "yo" que se me escapa, el "yo" que todos consideran que soy y que tal vez sea realmente. Quizás por ello me siento tan ajeno a mí mismo. Quizás por ello me oculto tras máscaras que no hacen más que cubrir mentiras. ¿Habría sido diferente mi vida si te hubiese encontrado antes del desayuno?


Lo cotidiano también guarda significados.

Tuesday, June 29, 2010

La caída


Regresas a la locura, regresas porque no hay otro estado donde te sientas igual de cómodo. Lo creas o no, aquí es donde perteneces; te vayas las veces que sean, seguirás regresando a donde todo comenzó, porque este es tu hogar, y porque estamos aquí para recibirte cada vez. Con ingratitud das vueltas por el mundo y te alejas de tus raíces, caminas con máscaras sobre el rostro aparentando ser uno más de ellos, y aunque los engañas perfectamente, nunca podrás engañarnos a nosotros, incluso si hay momentos en los que tú mismo olvidas quién eres. Porque no hay forma de escapar, porque este es tu refugio. Y, tarde o temprano, la misma soledad que te empuja a salir será la que no volverá a dejar que te vayas. ¿Por qué seguir luchando?


No es fácil dejar de cometer algunos de nuestros usuales errores.

Sunday, June 20, 2010

Puedes intentarlo

...Y la gente me miraba al pasar, sabían lo que yo, lo notaban en mí y observaban sin hacer nada, sin posibilidad de hacer nada...

Un hombre con los días contados no puede vencer a su destino, y el resto del mundo, incluso aquellos que querrían prestarle su ayuda, no tienen más que dar un paso atrás y dejar que la situación se desenvuelva como está previsto; un "hombre muerto" que camina solo hacia su fin, que sonríe como despedida y sabe, siente, que nunca es demasiado tarde para ser cualquier cosa que se proponga ser. Y la gente me miraba al pasar, sabían que era feliz, lo notaban en mí y observaban sin hacer nada, sin posibilidad de hacer nada. Porque de nada habría servido.


El único que puede vencerme soy yo.

Wednesday, June 2, 2010

Gracias por salvarme la vida otra vez

Por fin sentía que su vida estaba bien encaminada, estaba cumpliendo cada uno de sus sueños y sentía que las cosas en adelante irían mucho mejor. Sin embargo, sabía que faltaba algo. Un pequeño vacío en sus entrañas le hacía notar que no todo estaba resuelto, pero creía que no tenía forma de hallar la respuesta que buscaba al problema que se presentaba como único bloque entre ella y la felicidad absoluta. Y se vio confrontada con esta realidad de la manera perfecta.

El mes pasado se había dedicado a consumar metas, viajar por el país y conocer gente nueva, y buena parte de éste quería usarlo para dejarse llevar por sus anhelos inmediatos. Con esto en mente, y por recomendación de una buena amiga, decidió hacerse un tatuaje. Fue al lugar que le mencionaron, pasó casi dos horas sometiéndose a un dolor que no le pareció tan fuerte como creyó en un principio, y consiguió un adorable par de alas tatuadas en la espalda.

Luego de pagar por el servicio, muy satisfecha consigo misma, salió a la calle y, mientras imaginaba lo que dirían todos sus conocidos, vio a lo lejos, casi a dos cuadras de distancia, que un bus lleno de pasajeros perdía una de las llantas delanteras y se volcaba sobre el asfalto. Sin pensarlo ni un segundo corrió hasta el lugar del accidente, se hizo paso entre los carros detenidos y la gente curiosa, trepó por uno de los lados del autobús y trató de sacar por una ventana a la primera persona que vio, una pequeña niña llena de magulladuras en la cara y apenas consciente.

La sujetó de los brazos al mismo tiempo que otro accidentado la empujaba hacia afuera y consiguió sacarla tras mucho esfuerzo. Bajó del bus con ella, la llevó hasta la acera y la abrazó sin poder contener las lágrimas. La niña, todavía conmocionada, le dirigió una mirada seria, posó ambas manos sobre sus mejillas y dijo "no desperdicies tu vida al lado de alguien que no amas, la persona con quien realmente quieres estar podrá no sentir lo mismo que tú, pero no por eso debes buscar socorro en el primero que esté dispuesto a darte cariño". Y mientras fue cerrando los ojos creyó escucharle decir "gracias por salvarme la vida otra vez".


La respuesta a nuestra mayor inquietud puede residir en el lugar menos esperado.

Sunday, May 16, 2010

Un minuto de silencio incómodo

Ayer me di cuenta de que no podré asistir a la boda, por eso hoy acompaño a tu familia al cementerio de flores y desentierro la más grande, una celeste bastante parecida a un tulipán, con la intención de regalártela como disculpa. No diré que el tiempo que hemos pasado juntos no ha sido maravilloso, que estos años no han sido los más felices de mi vida porque te he tenido a mi lado o que me has ayudado en convertirme en un mejor ser humano. Pero lo cierto es que no puedo seguir viviendo una mentira, y el casarme contigo no sería justo para nadie. Eres fea, aceptémoslo, y aunque dicen que al final lo importante no es lo físico, temo que para mí lo es, siempre lo fue. Por eso me despido y te deseo una buena vida. Adiós.


El amor no es ni ciego ni miope, sino astigmático; y a veces daltónico.

Tuesday, May 11, 2010

Rebelde sin ganas de fastidiar

El problema comenzó cuando uno de los participantes dio la vuelta y amenazó a quien iba detrás de él por haberlo insultado. Al principio, sumido en una rabia tremenda, discutió con el trasgresor sobre lo que era correcto y cómo el acto que acaba de realizar había manchado no solo su alma sino la de todos sus antepasados. Como no vio que sus palabras le afectaran, se dejó llevar por la fuerte emoción del momento y se lanzó contra él, lo derribó y lo dejó noqueado tras asestarle unos cuantos golpes.

Al rato, un tanto más tranquilo pero aún molesto por la injuria, decidió que lo mejor sería no perder tiempo lamentándose y realizar el ritual de purificación para el que estaba ahí como tantos otros. Sabía, como el resto, que debido al reciente insulto esta ceremonia se alargaría un par de horas más de lo esperado pues ahora tendría que ser purificado él también. No tenía idea de quién había determinado que pisar la sombra de otro equivalía a maldecirlo, pero la dificultad no recaía en seguir una serie de preceptos y creencias complicados, sino en aceptar a los graciosos que gustaban de poner a prueba aquello. Y el realizar estos rituales frente a fogatas y antorchas tampoco ayudaba mucho.


A veces no viene mal cuestionar ciertas cosas.

Saturday, May 1, 2010

El borracho y el ciego


¿Qué es lo peor que me ha pasado en una fiesta? Pues deja que te cuente.


Fui invitado a la celebración por el cumpleaños de uno de mis compañeros de trabajo, y como no quería ir solo le pasé la voz a Sebastián, mi amigo ciego. La casa estaba en una zona de la ciudad a la que ninguno de los dos había ido antes pero que conocíamos bien por la mala reputación que había ido ganando al ser constantemente mencionada en las noticias. Esto no me asustaba en lo absoluto, pues mi compañero de trabajo aseguraba que era un lugar más seguro de lo que profesaban.

Sebastián y yo llegamos sin perdernos gracias a la gran cantidad de luces, al fuerte sonido de la música y a la enorme masa de personas que veíamos frente a la casa. Saludé a quienes conocía, nos sirvieron tragos y pronto estuvimos sentados con dos chicas en un sofá. La verdad es que no recuerdo lo que nos decían, yo solo me servía una cerveza tras otra mientras las miraba con creciente excitación. No estoy seguro a qué hora sucedió o cómo resultó, pero me vi levantándome del asiento y entrando a un cuarto con una de ellas.

Todo iba bien, más que bien incluso, hasta que la otra chica se nos unió. Por largo rato no hice más que disfrutar cada segundo de la experiencia, hasta que un pensamiento llegó a mi cabeza. Pregunté a la última chica sobre Sebastián, pero ella solo me ignoró. Mareado, confundido y ahora enojado me vestí y salí de la habitación. No tenía idea de la hora, podía ser medianoche como las tres de la madrugada, y la gente seguía riendo, bailando y divirtiéndose.

Regresé al sofá, pero no encontré a Sebastián. Lo busqué en el resto de la casa a la vez que preguntaba a varias personas si lo habían visto, pero la mayoría asumía que por borracho no sabía lo que decía. Busqué al festejado, pero no di con él. Tampoco vi a ningún conocido del trabajo, solo desconocidos. O tal vez estaba tan pasado de tragos que en mi despiste no reparé en ellos. El punto es que seguí en busca de mi amigo, hasta que el mareo pudo más que yo y quedé inconsciente en el suelo.

A la mañana siguiente, cuando el lugar estaba desierto a excepción de uno que otro dormilón o de alguno que recién se iba, di por sentado que Sebastián debía haberse ido de vuelta a su casa. Lo llamé al celular un par de veces mientras tomaba un taxi, pero no contestó. Le dejé un mensaje de voz y esperé que me devolviera la llamada. Llegué a mi departamento hecho un desastre, por lo que tomé una ducha para despejar mi cabeza, comí algo y me entretuve viendo televisión y leyendo hasta bien entrada la tarde.

Alrededor de las siete de la noche recibí una llamada de la enamorada de Sebastián, quién desesperada preguntaba por él mientras decía que no contestaba su celular y que no había llegado a su casa la noche anterior. Le conté lo sucedido, me disculpé por dejarlo solo y no tardamos en juntarnos para evaluar qué haríamos para dar con él. Contactamos a sus padres y amigos, al no saber nada fuimos a la policía, al día siguiente publicamos un anuncio en los periódicos, y tras semanas sin noticia alguna comenzamos a visitar las morgues del país.

Han pasado casi tres meses desde que vi por última vez a Sebastián, y desde entonces no dejo de pensar que no debí perderlo de vista esa noche, y que por ello es mi culpa que haya desaparecido. Nadie sabe qué ha sucedido con él, no queda rastro alguno. Eso es lo peor que me ha pasado en una fiesta, perder a un amigo, literalmente. Ahora vete y déjame seguir tomando en paz.


Conocer el otro lado de una historia hace una diferencia increíble.

Friday, April 23, 2010

Dos orejas y solo una boca


Durante sus primeros años escolares  no causó mucho interés, pero con el pasar el tiempo los demás alumnos y algunos profesores fueron notando su extraña actitud. Comprendían que no podía ser la única persona tímida que hablaba muy poco y que nunca levantaba la mano para participar en clase, pero lo que resaltaba como extraño era que nunca respondiese preguntas de tipo alguno. Y en los exámenes era muchísimo más raro, puesto que sudaba de sobremanera y siempre era el último en terminar, aunque la mayoría de veces ni siquiera acababa. Si algún maestro hacía una pregunta y le pedía que respondiese, él siempre decía que no sabía la respuesta, simplemente se quedaba callado como si no supiese qué decir. Quizás era por ello que tenía muy pocos amigos, y que éstos supiesen muy poco de su vida.


Sin duda había muchas ideas con respecto a su personalidad y a "lo que era", pero nunca llegaron a saber la verdad. Él sabía perfectamente cuál sería el impacto que tendría en el mundo si alguna vez diese una respuesta, y era por ello que se controlaba muchísimo para no responder nada nunca. Como sus padres, y los padres de éstos, y así sucesivamente por varias generaciones, tenía la maldición de saber las respuestas a las últimas preguntas. Todo lo que dijera hubiese sido como dar verdades absolutas y se habrían tomado como tales. Entendía de dónde venimos, por qué estamos aquí, si realmente existe un Dios y podía responder a cualquier interrogante alguna vez hecha. Pero el darle tremenda responsabilidad a la humanidad, el dotarla del conocimiento total, habría supuesto su extinción. Así que, como aquellos antes que él, sufrió el peso de ser visto como un bicho raro antes que destruir la vida; prefirió la insoportable soledad antes que el aniquilamiento del ser humano.

A veces ser diferente se siente como una tremenda responsabilidad.

Thursday, April 15, 2010

Día mundial del dedo pulgar

La primera vez que conseguí un trébol no fue de cuatro hojas como deseaba, sino de seis. Como quería impresionar a mis amigos con el gran descubrimiento tomé la decisión de arrancar dos de las seis, de esa forma podría decir que había encontrado un trébol de la suerte que, no contento con tener solo cuatro, había hecho espacio para más hojas. Sin embargo, una vez que hice esto, entendí cuán tonto me estaba comportando. Dejé el trébol en el lugar donde lo encontré, agradecí al duende que me guió hasta allí y, mientras regresaba a mi casa, me dije que de nada sirve un amuleto de la suerte si no se tiene amigos a quién enseñárselos. Sin olvidar que no creo en la suerte.

Las oportunidades escasean; ¿por qué dejarlas pasar?

Tuesday, March 23, 2010

Invisible a la vista

Lo vi caminando por el parque y supe de inmediato cuál era su historia. Supe que participó en un juego donde tuvo que enfrentarse a cada una de las cosas a las que teme arriesgándose a perder probablemente lo más importante que toda persona posee: su identidad. El juego de por sí ya sonaba extraño y difícil de sobremanera, pues ¿quién se atrevería a enfrentar todos los peores miedos? Perdió, por supuesto.

Cuando lo vi ya llevaba dos meses sin identidad. Había vagado por el mundo conociendo a centenares de personas, visitando a familiares y amigos y tratando de volverse famoso con muchas de sus innovadoras ideas. Pero nadie podía recordarlo. Se presentaba ante alguien y al cabo de unos segundos era olvidado por completo, como si nunca hubiese existido. Y presentarse nuevamente resultaba en lo mismo. Incluso su familia había dejado de saber quién era, y para sus amigos era como un extraño más. Su nombre no significaba nada, su cara era la misma siempre pero sin rasgos que lo definieran. Era invisible, un cuerpo que ocupaba un espacio, pero que nadie tomaba en consideración

Saber todo esto me hizo pensar qué gran premio esperaba obtener de haber ganado ese injusto juego. ¿Qué puede ser tan importante o grandioso como para otorgar la más ligera posibilidad de perder la identidad, incluso al saber que se deben vencer nuestras fobias? Lo único que se me ocurre es que haya querido ganar una identidad nueva a expensas de la suya, y que perder la que ya tenía hubiese sido la segunda mejor opción. Si fue así, imagino que su peor miedo debe haber sido ser él mismo.


Si no sé quién soy, ¿cómo puedo saber quiénes son los demás?

Sunday, March 14, 2010

Disociación


Por años había creído que una persona no está comple- tamente sola, que cuando nadie más está alrededor siempre se está con uno mismo. Esto lo pensaba, en un principio, desde la noción que tenía de su cuerpo y su mente como entes individuales, siendo él lo segundo. Pero con el tiempo desechó esta parte de la idea general y pasó a creer algo similar pero con importantes diferencias. Comenzó a verse a sí mismo como la suma de sus estados consciente e inconsciente, aunque él siendo lo primero.

Todas sus reflexiones hicieron que me preguntara si podía estar en lo cierto, que nunca estamos totalmente solos, pues nos tenemos a nosotros mismos como compañía. Suena trillado considerarnos más que uno solo, pero durante unas semanas traté de estar atento a mis pensamientos y actitudes cuando me encontraba por mi cuenta, y descubrí algo maravilloso y escalofriante. Estaba solo, eso está claro, pero no podía dejar de tener esta extraña sensación de estar acompañado, y la forma en la que pensaba era como si una parte de mí estuviese hablando y otra escuchando, a la vez que una tercera lo interpretaba y yo, la cuarta parte, recibía el producto final.

Fui a buscarlo para contarle mi experiencia, pero lo único que encontré una vez que estuve en su oficina fue un papel a medio arrugar con unas palabras que parecían haber sido escritas por él: "...no puede más con esta constante presencia, no lo soporta..." Tras leerlo cogí el papel, lo guarde en el bolsillo y salté por la ventana. 


No es "¿quiénes somos?", sino "¿cuántos?"

Tuesday, March 9, 2010

La niña en el cristal

¡Listo! Ahora imagina un espejo del tamaño que quieras, pero no más pequeño que tu cabeza. Se encuentra colgado en un pasadizo con paredes cremas, en una parte de tu casa que cruzas por lo menos siete u ocho veces al día, así que hay momentos de sobra para echarle al menos un vistazo. Apenas lo tengas en tu mente entenderás de qué va la cosa.

La tercera vez que vas por el pasadizo durante un día cualquiera te detienes frente al espejo y notas algo que no estaba ahí antes. Pero tras segundos de inspección comienzas a considerar la posibilidad de que sí lo haya estado y que, en todo caso, lo pasaste por alto cada vez anterior. Con la cabeza hecha un meollo decides prestarle atención finalmente.

Al inicio te divierte sus movimientos, los sigues como jugando, sonríes y aplaudes. Al rato, más relajado, te concentras en sus características, lo encuentras conocido en seguida, pero pronto pierde cualquier rastro de familiaridad. Ya aburrido y tú casi a punto de seguir tu camino, te preguntas cómo será la vida en ese otro lado. ¿Por qué seguir con la duda?

No pasa mucho tiempo hasta que te encuentras del otro lado y tu reflejo en donde tú comenzaste. Desencantada con lo que este nuevo lugar presenta, decides volver, pero ya no depende de ti. Ya no hay espejo, lo que antes era tuyo ahora no es más que una vaga imagen de lo que pudo haber sido, como tus recuerdos, como tus sueños. Y listo.


Hay quienes viven a través de ti, y quienes lo hacen por ti.

Saturday, February 20, 2010

A mi manera

De nuevo te escapaste, sin saber cómo regresar o si alguien volverá a traerte de vuelta. Pero a veces pienso que eso es exactamente lo que te gusta, salir al mundo sin noción alguna de lo que hay tras la puerta, sin conocimiento de lo que el siguiente paso te mostrará. Quizás porque siempre has encontrado la manera de volver o lo han hecho por ti, quizás porque la ignorancia que te llevas es la misma cuando vuelves. Nada perdido, nada ganado.

El valor de un riesgo yace en aquellas dos cosas, en la facilidad con que algo puede perderse por el deseo de ganar algo más. No es miedo, y cobardía menos, sino algo muchísimo más grave, la falta de un propósito que enrumbe los mismos pasos que te sacan de este lugar al que no quieres regresar y al que, inevitablemente, seguirás regresando. Porque cuando escapas decides rendirte. Y, cuando esto ocurre, no haces más que dejarme ganar.


Si la vida es un juego, ¿quién gana y quién pierde?
Estas son las crónicas de un soñador empedernido que ha encontrado el significado último de las cosas por venir y que decide compartir su finito conocimiento para el bien de quien decida usarlo, si primero descubre cómo y en el tiempo suficiente como para que le sea útil. El único aviso es el siguiente: ¿De qué sirve mirar el futuro cuando el presente lo determina, y este, a su vez, es determinado por el pasado?