Friday, January 22, 2010

Señor cebolla

Edgardo era conocido por la maravillosa forma en que tocaba el violín. Desde muy chico llevó clases, participó en conciertos y ganó premios, lo cual definió su vida por completo. Durante años se le reconoció como una figura legendaria en cuanto al violín se trataba, y él, a pesar de amar lo que hacía, nunca consideró que todo ello fuese de importancia. Mientras pudiese tocar y expresarse nunca se sentiría más que un humilde artista, y eso sería suficiente para él. Solía decir que el dinero y la fama no significaban nada, que esas cosas no lo convertían en el "simple músico" que se hacía llamar, y que su único deseo era inspirar a los jóvenes con sus composiciones. Lamentablemente para él, desde el día que dejó de tocar, el día que su cuerpo dejó de funcionar, no se le conoció como nada más que "un viejo loco con un horroroso aliento a cebolla que solía tocar el violín".


Para el mundo un error vale más que mil aciertos.
Estas son las crónicas de un soñador empedernido que ha encontrado el significado último de las cosas por venir y que decide compartir su finito conocimiento para el bien de quien decida usarlo, si primero descubre cómo y en el tiempo suficiente como para que le sea útil. El único aviso es el siguiente: ¿De qué sirve mirar el futuro cuando el presente lo determina, y este, a su vez, es determinado por el pasado?