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Showing posts from 2011

Reacción alérgica

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Esta mañana desperté listo para un gran nuevo día, decidido a darle una vuelta a la vida y quizás volver a regalar sonrisas, pero mi cuerpo tenía planes totalmente diferentes. Con los ojos bien abiertos y las ganas en la punta de la lengua, sólo podía mirar el techo de mi habitación, mi visión se limitaba a ese pedazo de concreto blanco que me devolvía un gesto de sorna, como si supiese más de lo que yo apenas podía imaginar. Intenté moverme y no pude, simplemente nada en mí funcionaba. Ya no tenía piernas ni brazos; mi pecho se inflaba con cada bocanada de aire, pero sentía que no estaba ahí; nada se movía.
Pasé cinco minutos o cinco horas en aquel estado, no lo sé ni realmente importa. El tiempo y el mundo estaban fuera de mi alcance; yo ya estaba a miles de años luz de distancia, atrapado en mi pequeña habitación, atrapado en un cuerpo lejos de mí. Quién sabe cuánto hubo de pasar para que comenzara a ver imágenes en ese techo burlón, tal vez alucinaciones, tal vez mis deseos, tal ve…

Desde adentro

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¿Por qué sigo soñándote? ¿Tan grande es el poder de tus ojos que con una de tus miradas reservas un lugar en mis sueños? Incluso en ellos me encuentro contemplándote encandilado. Tu presencia pone un alto a lo que acontece en mi mundo, te vuelves protagonista y me conviertes en espectador de mis propias creaciones, otro tonto que se piensa importante en su propio mundo. Eres la chica de los ojos verdes, una ilusión allá afuera y no más real aquí donde podría hacerte mía. Eres dueña de mis pensamientos, al menos parte de ellos, justamente de aquellos que me permiten discernir entre lo que quiero y lo que sé que nunca desearé. Si no eres como te sueño, ¿por qué te conozco tanto?

La delgada división entre lo real y lo imaginario.

Yo estoy aquí

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Lo peor no es imaginar la vida como un sueño, sino vivirla dentro de uno. ¿Pero qué sucede cuando la línea que divide lo real de lo fantástico se borra? ¿Qué hacer cuando ya no es posible distinguir las propias creaciones de todo aquello que ya es en sí mismo? ¿Cómo encontrar la diferencia? O ¿por qué hacerlo? Ya no puedo decir qué es verdad y qué una invención desesperada, pero sí maravillarme, sí disfrutar de lo que siento, sí aceptar lo que el mundo ya no puede contener. ¿Por qué negar la existencia de lo irreal cuando mis ojos no pueden ver otra cosa? Si soy feliz en una imaginación que desborda los límites del pensamiento, ¿quién soy para negar que algo de esto realmente esté sucediendo? Si vivir en un sueño es peor que considerar la vida como uno, ¿por qué no me siento culpable? Hay una sola respuesta: No estoy soñando.

El mejor sueño es el que se vive despierto.

No tengas miedo

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En alguna parte de esta ciudad una persona acaba de morir, traicionada por una falsa esperanza y tres palabras de consuelo. Pienso en ella mientras camino de regreso a mi casa y lo sé, sin entender por qué, pero lo sé. Miro la acera, mis pies que se deslizan sobre ella, la luz de los faros que ilumina sus grietas; veo los rostros de aquellos que pasan a mi lado sin tener idea, tal vez sin querer tenerla. ¿Cuántos pies han tocado este preciso suelo? ¿Cuántos suelos han sido pisados por todos aquellos pies? ¿Por qué siquiera imaginarlo? Alguna vez caminó ella por aquí cuando aún vivía, y en ese u otro momento no pasó por su cabeza la idea de que yo, ahora, la estaría pensando y tratando de entender cómo es que sé de su muerte. Pero este saber es solo prestado, quizás hasta inventado, y mientras no esté seguro de qué sucedió con ella, la imagen de su cuerpo doblado en el asiento trasero de un taxi será sólo eso, una posibilidad en mil, una fantasía, la verdad para alguien más. Mejor será…

Rayo de luz

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Hoy me adelanté a los primeros rayos del sol decidido a recibir despierto el amanecer, pero mientras la luz iba pintando el escenario al otro lado de mi ventana comprendí que la sensación que buscaba no estaba del todo ahí, que saludar al orbe dorado no era precisamente la razón de mi despertar. Quería ver el amanecer, sí, pero tal vez se trataba de algo distinto, otro tipo de comienzo, o quizás de una historia completamente diferente. Lo que deseaba estaba en el inicio de una vida, en el primer mordisco del manjar favorito, en el prefacio de un libro nuevo; lo que más quería ver, lo que moría por entender, no se hallaba escondido entre los rayos del sol matinal, sino en el principio de todas las cosas, en el extremo originario. Luego de minutos de angustia, desistí por fin. Derrotado regresé a la cama con la luz a mis espaldas y con el vacío reservado para algo que ya estaba muy lejos de aquí, al inicio de este anhelo.

Como la palabra en la punta de la lengua, pero muchísimo más feroz…

Encandilamientos

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El día que mi reloj decidió detenerse, todo en lo que alguna vez creí dejó de ser. Perdí los segundos, y con ellos la noción de mi lugar, del espacio que me contenía, y así fue que dejé de saber dónde y por qué estaba. Luego se esfumaron las personas y toda huella de coherencia; rostros sin rasgos, palabras de nadie y una extrema sensación de soledad. Finalmente me quedé en silencio, rodeado por el inmenso peso de la oscuridad y el desconcierto. Quise gritar, quise llorar, quise maldecir y caer en el estupor que de a pocos me envolvía, pero de un momento a otro un lejano llamado cautivó mi atención, y en un parpadear el mundo regresó a lo que una vez fue. El reloj volvía a andar, y a mí, como dormido, no me podía importar menos.

Me he enamorado del redescubrir cotidiano.

Al desnudo

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Ahí abajo, bien abajo, donde con un susurro la chica del ascensor dijo que fueras, se esconden los secretos del mundo, de las personas que lo habitan, y los tuyos también. El pasado plasmado en fotografías que penden de ganchos o pegadas en las paredes como ventanas que muestran historias que nadie quiere contar, tomadas por quién sabe qué depravado y curioso, qué sediento de conocimientos prohibidos. Te ves y los ves a todos, en sus peores momentos, cuando se creen cubiertos por el velo de la soledad y el anonimato; un ojo se ha abierto paso por entre muros, puertas y sombras y ha logrado capturar la esencia de la vergüenza, no una sino mil veces, y ahora es poseedor de tu vida y la del mundo. Y no puede parar. ¿Qué macabro plan tiene para la humanidad?

Saber es poder.

Tu cara me lo dijo

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Cuando nos cruzamos por primera vez mi mirada se quedó atorada en tu lengua, sobre la cual se derretían dos pastillas amarillas. Siseaban llamándome. Salían pequeñas burbujas de ellas, tóxicas, suficientemente atractivas como para decidirme por atragantarme con ellas y llevar conmigo parte de lo que alguna vez fuiste, un pedazo sudoroso de carne salpicado con tierra. Deliciosa.
El mundo se desvaneció durante esos diez segundos, y cuando por fin abrí los ojos noté de inmediato que algo totalmente distinto había tomado su lugar. No me importó. Era el mismo mundo, de eso estaba seguro, y las personas no parecían haber cambiado más que en su aspecto externo, ahora eran de un color amarillo que irritaban mis ojos. Te busqué, desesperado traté de dar contigo. Pero en ese entonces no sabía que pasarían años antes de volver a verte. Años atrapado en mis pensamientos.
Deambulé por calles que conocía bastante bien, entré a los establecimientos donde sabía que me ayudarían a encontrarte, y en todo…

Mesa para cuatro

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Ya llevaba media hora desencantado con la conversación que mantenían algunos de sus amigos, sentados alrededor de una de las mesas de la fiesta a la que habían ido. La música, en su mayoría canciones que le desagradaban, sonaba con demasiada fuerza, lo cual volvía todo intento de atender a lo que los demás hablaban virtualmente fallido. Por ello había dejado de intentar.
En un inicio se contentó con observar a las dos chicas que ocupaban su mesa, ambas tan feas que le era imposible no mirarlas. Esto le hizo pensar en una piscina vacía con baldosas de un color celeste en particular que le causaba náuseas, y en cómo de chico casi se ahogó tratando de aguantar la respiración por más tiempo del que era capaz. Luego se fijó en los dos amigos que lo acompañaban, empecinados en impresionar a las chicas feas, desesperados por conseguir siquiera un beso o de repente un par de toqueteos inapropiados. Creyó escucharlos mencionar algo sobre correr tabla, aunque pudo haber sido "comer caca&quo…

Desde entonces no hay día que haya dejado de hacerlo

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Revoltijo de imágenes simultáneas, sucesión de eventos sin cronología, una vida en un segundo en sólo una página, un cuerpo en diecisiete lugares diferentes al mismo tiempo; y decisiones, miles de ellas, vitales e intrascendentes.
En  la puerta de un cuarto de hotel, con la llave equivocada, con dos maletas de más y una familia que no es la suya, que lo mira, que lo olisquea, que de manera crítica se queda mirándolo a la espera de una palabra, al menos una, que no llega y que difícilmente volverá a salir de su boca. Entra a la habitación, cierra la puerta tras de sí, lanza la llave sobre una de las camas, devuelve la mirada a los presentes y grita. Tan solo por unos segundos.
En ese preciso instante, cuatro puertas a la izquierda y dos pisos más arriba, toma asiento en el suelo, junto a la banda musical y algunos de los fanáticos. El humo que ocasionalmente sale de sus bocas y de los cigarrillos distorsiona sus rostros, los vuelve una masa gris entreverada, pero distingue las sonrisas, …

"Qué bonita es la vida, carajo"

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Las últimas palabras que te oí decir resonaron en mis oídos mientras contemplaba la difusa línea que intentaba separar el cielo del océano. Por unos instantes creí que volabas, pensé que ibas elevándote con la misma corriente de aire que sentía en mi rostro y en mis brazos, fue como si realmente tuvieses alas y estuvieras despegando del mundo para contemplarlo desde insospechadas perspectivas. Pero la sensación no duró más de unos segundos, lo suficiente para perderte de vista entre la maleza y las piedras, allá abajo adonde los sueños y los buenos momentos van a morir. La ironía de tu frase dejó un amargo sentir en todo mi cuerpo, y pronto no pude contenerme más y me lancé del risco tras de ti, siguiéndote; alcanzándote. Hasta ser inmortales. Sin alas de cera sobre nuestras espaldas, llegamos más lejos que Ícaro.

A veces, y sólo a veces, para subir es necesario bajar un poco.