Monday, September 8, 2014

El peso del saber

Pasé años buscándome, tratando de entenderme, intentando determinar cómo encajaba en el mundo, y qué gran designio me estaba determinado. Cuando comprendí que uno mismo es quien hace su camino, que nadie más que uno le da sentido a su existencia, empecé la vertiginosa e ineludible aproximación hacia el autodescubrimiento de mi persona. Y así, poco tiempo después, y no sin gran esfuerzo, di con mí mismo. La sensación de saberme, de al fin conocerme, de encontrar mi lugar, fue exorbitantemente satisfactoria. Por semanas anduve extasiado, feliz conmigo y con el mundo, seguro de que nada nunca más se sentiría así de bien, que nada jamás podría derribarme otra vez. Desgraciadamente, estuve equivocado.

Este conocimiento no llegó exento de nuevas y profundas preocupaciones. Mi posesión más valiosa se había convertido en la fuente de mis más grandes miedos; ahora que poseía el saber más importante de mi vida, temía por su pérdida. ¿Qué sería de mí si dejaba de conocerme? ¿Perdería mi identidad, mi yo? ¿Qué pasaría con mi sentido de ser, dónde iría a parar el significado de lo que soy? Estas y otras preguntas saturaban mi cabeza, me llevaban a pensar, a saber, que desde ese momento en adelante no volvería a estar tranquilo. Porque saber algo implicaba también olvidarlo, y eso era lo que me causaba mayor terror. Tarde o temprano comenzaría a olvidar, mi memoria fallaría, los recuerdos me abandonarían y así dejaría de ser. Sí, sabía quién era; sí, sabía cuál era mi lugar; pero llegaría el día en que esto no sería suficiente o que dejaría de saberlo, y entonces quedaría totalmente desamparado.

Aterrorizado por estas ideas, deseé con todas mis fuerzas que este saber nunca hubiese llegado a mí, y tomé la decisión de hacer algo al respecto. El peso de la iluminación personal se me hacía insoportable, así que opté por deshacerme de ella antes que vivir con la angustia de extraviarla. ¿Cómo lo hice? Simplemente comencé a negar. "Esto no es mío", "Aquí no pertenezco", "Esto no es para mí", "Yo no hago, digo ni pienso esto" y "Este no soy yo" fueron algunas de las frases que me obligué interiorizar cada día, cada hora, hasta perderme en la ignorancia. Pero fue sólo una solución temporal.

A partir de la negación fui descubriéndome nuevamente. Dejar de ser algo conllevaba ser otra cosa, así que de una u otra manera terminaba volviendo a la definición de mí mismo. Entonces comprendí que este saber había llegado aparentando infinito bienestar, pero no era más que una maldición enmascarada que no se iría por mi propia voluntad. Así que dejé de luchar. Me dejé llevar por el conocimiento, rendí mis fuerzas a él y me permití ser feliz, o intentarlo, siempre mirando tras de mí, siempre temiendo el día en que el placer de conocerme se desvanecería para dar lugar a una insondable ignorancia. Y aún hoy espero, sumido en el terror, paranoico y miserable, incapaz de vivir bien. El día que me conocí, conocí también lo que es el verdadero miedo.


¿Puede alguien vivir sabiéndolo todo y no sentirse perdido?

Saturday, August 9, 2014

Velocidad personal

Mientras existes en el presente yo vivo diez minutos en el pasado, y aunque la diferencia de tiempo aparente ser pequeña, es suficiente para evitar que nos encontremos, una y otra y otra vez. Donde yo estoy tú ya estuviste, el camino por el que ando ya lo cruzaste, y esta emoción que siento tú ya la superaste. En el desfase de nuestras vivencias perdemos oportunidades por llegar antes o tardar demasiado, como si a quien viese fuese el fantasma de lo que fuiste, y la alegría que supone tu compañía sea solo la sensación de un momento que ya no es. Te veo allá adelante, lejos, ya muy lejos y distante. Diez minutos de separación, la distancia necesaria para alcanzarnos. Pero cada uno vive a su propia velocidad, cada uno se halla enmarcado en un tiempo diferente donde las experiencias son vividas por separado, a solas con nosotros mismos o en compañía de quienes comparten nuestra temporalidad. Nuestro encuentro no se dará en este tiempo. Si hemos de vivir el mismo instante, pues trataré de apurarme; sólo te pido que puedas esperarme. De lo contrario, ya te veré en otro momento.

Cercanos, pero lejanos a la vez.

Friday, August 8, 2014

Con ímpetu

Las palabras llegan muy tarde, como las ganas, como la expresión. La reflexión no se da en un día, en solo un momento; es la suma de circunstancias, pensamientos y experiencias que promueven el cambio, que empujan inexorablemente en una determinada dirección. Avanzar con ella o luchar en su contra depende de cada uno, y solo quien realmente desea el cambio tomará las medidas necesarias para obtenerlo. Un día puede no ser suficiente, pero es un comienzo. Una mejora, o la simple idea de una mejora, nace a partir de un instante, de un particular momento, de una palabra, de un pensamiento. Incluso hasta de un silencio. Si las palabras tardan, no esperemos.

Aprovechar el impulso, venga de donde venga.

Tuesday, August 5, 2014

La chica de la casa amarilla

Antes de conocerte conocí tu música. Te escuché por primera vez durante el invierno, cuando por casualidad pasé por tu ventana y el cálido sonido de tu piano calentó cada uno de mis huesos. Tomé asiento en la vereda junto a tu casa, decidido a seguir oyendo esa melodía que hasta el día de hoy no he sacado (ni he querido sacar) de mi cabeza. Y cuando por fin acabó, como salido de un trance me despedí en silencio y retomé mi camino.

 La segunda vez que te escuché tocar fue tras seguir la propia voluntad de mis pasos, movidos por el deseo de llevarme hasta tu canción. Esa tristeza en la música, ese cariz nostálgico imbuido en las notas  me daba indicios de quién podías ser, de cómo podría haber sido tu vida, y en medio del sonido te imaginaba. Y sonreía. Eras hermosa.

La última vez que te visité me embargó la curiosidad y decidí echar un vistazo por tu ventana, buscarte y tratar de reconocerte, hacer material esa fantasía que había creado alrededor de ti, alrededor de una imagen que de a pocos dejaba de satisfacerme. Y te vi. Y me viste verte. Y en esos pocos segundos que mi curiosidad se vio saciada, sentí que una parte de mí comenzaba a morir.

Hoy he querido regresar a escucharte, a degustar el dulce sonido de tu melodía. Pero sé que, a pesar de que tu música siga presente, tú no estarás ahí. Ahora, cada vez que paso por tu casa, siento el peso de mi error, y por eso sigo de largo arrastrando conmigo la memoria de días pasados, días en los que prefería vivir en sueños. Antes de conocerte conocí tu música, y ahora que te conozco, sé que no eres a quien quise conocer.


El duro precio de la idealización.

Monday, August 4, 2014

Abatimiento

Es el peso insostenible que llega tras la pérdida de la esperanza, el peso de un porvenir desconocido, el peso de un presente que ya no existe. Llega con el despertar de un nuevo día para aplastarlo con poca piedad, para crear desorden donde debiera haber tranquilidad; tan implacable y perturbador que me deja sin fuerzas, sin ganas y sin rumbo. Y en este apisonamiento me veo deambulando por los interminables pasillos de mi memoria que se entremezclan con la realidad, y en ellos busco un rostro familiar al cual arrimarme, un rostro que ya no está, que no encontraré, que ahora es parte del pasado. Ahí está el peso, en la ausencia, en la sensación de estar solo y en plena soledad. Ahí está el peso, y ahí, también, la fuente de mi debilidad.

En ocasiones, solo con estar al lado de alguien en particular podemos recibir la energía necesaria para seguir adelante.

Monday, May 19, 2014

Sin aire

Vivo en la incertidumbre y en ella me consumo, con una duda atorada en la garganta que me asfixia, que me mata. Necesito una verdad, cualquier verdad que pueda satisfacerme, cualquiera que apacigüe esta inseguridad asesina y que me deje tranquilo, al menos en paz por unos momentos. Estoy cansado de vivir con los ojos cerrados por miedo a ver lo que es real, porque la realidad es insoportable, porque lo verdadero no es para todos y, a veces, creo que tampoco para mí. Pero ya no quiero verdades hechas cenizas en la punta de la lengua, ya no quiero tragar mentiras y atorarme con engaños; esto no es para mí. Necesito una verdad, ver con claridad y vivir, esta vez, libre. Hasta que la comodidad vuelva a atraparme, hasta que otra vez me conforme y que la duda en la garganta se convierta en una extensión de mi cuerpo. Vivo y sin vida.

¿Saber o vivir en la ignorancia?

Wednesday, May 7, 2014

Porque con dos es suficiente

Es un silencio monstruoso que no dura más de un segundo, que se deja sentir con una intensidad mayor al ruido de mi vida, que se escapa. Lo noté por primera vez en la carretera, con el mar a un lado, cerros al otro y todo un camino recorrido por detrás; lo noté y desde entonces lo busco. Con la mirada perdida en las olas, sentí un pinchazo creado en medida justa para no sentir dolor, sólo satisfacción acompañada de un peso insostenible, satisfacción por ese insólito momento repleto de armonía, de una inmensidad indescriptible. La segunda fue hoy, y no por casualidad. Vi el silencio en rostros que conozco, lo vi y de inmediato supe que desde ese instante en adelante no volvería a estar más seguro de mi ignorancia. El pinchazo indoloro llegó para abrirme los ojos, para hacerme dar cuenta de lo que poco que sé, de lo poco que alguna vez conoceré y del gran vacío al que me arrimo sin vergüenza. Ya no habrá un tercer silencio, al menos no uno que pueda recordar. Por eso ahora vivo en el ruido, vivo para así escuchar más.

Aprender, aprender y nunca dejar de aprender.

Monday, May 5, 2014

Cuerpos en opacidad

Porque llega y se va igual de tempestuosa, siempre con tentaciones, siempre con promesas, siempre siempre. Es una imagen borrosa, apenas discernible, que se desliza por los márgenes de las historias y cuyas caricias desdibujan los límites entre el deseo, la imaginación y lo verdadero. Llega con noticias de lugares distantes, con nombres y sombras que la persiguen; llega con indiferencia, pero decidida; llega para irse, porque ningún lugar es su lugar, y nadie es realmente suyo. Y los demás, ya cansados, ya rendidos, saludamos sin sonrisas, porque de tanto vivir de sueños, de tanto fallar en ver con claridad, conocemos de qué están hechas sus promesas y sabemos bien que nada es real. Una vieja historia, un rostro perdido y cien pasos antes del final. Que llegue y que se vaya, pero aún así no hay razón para dejar de disfrutar.

Si no puedes vencerlos, júzgalos en silencio.
Estas son las crónicas de un soñador empedernido que ha encontrado el significado último de las cosas por venir y que decide compartir su finito conocimiento para el bien de quien decida usarlo, si primero descubre cómo y en el tiempo suficiente como para que le sea útil. El único aviso es el siguiente: ¿De qué sirve mirar el futuro cuando el presente lo determina, y este, a su vez, es determinado por el pasado?