Sunday, June 28, 2009

A borbotones

Me creían muerto, y con justa razón.

Mi nombre es Rodrigo Díaz, alguna vez hijo, por el momento otro pobre diablo con muchas cosas en las que pensar y en busca de circunstacias para regresar a mi pasado olvidado. Alguna vez actor, pero de esa historia solo quedan cicatrices. Alguna vez estudiante, y arrepentido de ello por razones que no me atrevo ni a pensar.

Me he perdonado a mí mismo de crímenes por los que debiera cumplir condenas más grandes que mi propia culpa incrustada en el pecho, pero sé bien que pedir disculpas equivale a demostrar error de mi parte, y el orgullo impide que cometa tal traición a mi persona. Soy culpable, sí, de muchas cosas, pero basta con que solo yo lo sepa.

Como dije, me creían muerto, y debería estarlo. Lo acepto. Pero de nada sirven palabras sin contexto al cual adherirse, sin historia a la cual llamar escenario, por lo que me propongo relatar los hechos que me han conducido a este camino por lealtad al pasado del que provengo. Todo sea por encontrar perdón, y, quizás, por alcanzar la fama que por escurridiza nunca logré atrapar. ¿Por dónde comenzar?

A veces el principio no es el mejor punto de partida.

Wednesday, June 24, 2009

Cruzados y estrellados

Era la primera vez que portaba un arma, y ni siquiera sabía cómo había llegado a mí. Al principio las balas me parecieron pilas, no sabía cómo ponerlas en el cargador, no sabía ni para qué las necesitaría. Hasta que llegó el día.

Nunca entendí a mi profesora de Literatura, nunca. Sus métodos siempre llamaban la atención de sus colegas, y a nosotros sus alumnos nos tenía cansados con las locuras que preparaba. Esta vez quiso terminar el año con una obra muy conocida, pero con un vuelco en la forma de entenderla. Romeo y Julieta, dijo que se llamaba.

Tuvimos que leerla dos veces antes del proyecto. La primera para conocer la historia. Para la segunda nos pidió que enfocásemos nuestra atención en uno de los personajes a lo largo de la obra y que luego eligiésemos una escena en la que apareciese. Luego entendimos sus motivos.

El día de la asignación nos llevó a un estudio de películas en donde tenían armado todo un escenario medieval al lado de la playa. Fue entonces que nos dijo que debíamos interpetrar al personaje que habíamos elegido y encontrar a otros que quisieran formar parte de la escena que habíamos elegido. De inmediato me perdí entre el grupo de alumnos y me dije que no formaría parte de esto.

Pero no pude escapar. Estuve viendo a los demás actuar hasta que me topé con dos mocosos que decían ser Mercucio y Teobaldo y que me querían como Romeo. Al diablo, acepté para terminar de una buena vez, a pesar de haber elegido, en realidad, al Boticario. Se efectúa el duelo entre ambos personajes y, como es mi rol, busco vengar la "muerte" del alumno que hacía de Mercucio.

Todo este tiempo el juego de actuar como los personajes había sido pura imaginación. Algunos llevaban pequeñas ramas como espadas, otros simplemente usaban sus dedos índices. Yo, por mi parte, fui un tanto más lejos. En el momento de la muerte de Teobaldo, saqué la pistola que me había acompañado desde hacía unos días y disparé sin pensarlo demasiado. El chico cayó al mismo tiempo que los gritos de mis compañeros comenzaron a invadir el lugar.

No entendía por qué, pero sentía que no había hecho nada malo. Después de todo, en la película, con Leonardo DiCaprio y John Leguizamo, así había sido la escena, con pistolazo incluído. A mi parecer, una nota máxima era adecuada por tal excelente interpretación. Pero luego entendí mi error, mi grave equivocación. Tenía que haber leído el libro y no guíarme por la película. A veces no sé lo que hago.

El tramposo paga doble.

Saturday, June 20, 2009

Te nos vas de nuevo

Con el cielo en tus narices, atorado patas arriba. Una palabra basta para darle una vuelta al mundo y regresar a la normalidad a la que te has acostumbrado, pero el pronunciarla es solo el principio, hace falta entenderla, decirla con pleno conocimiento de su significado y de lo que realmente trata de decir entre líneas. ¿Puedes hacer eso, encontrar la esencia de una palabra que salvará tu vida, o que en todo caso la enderezará un poquito? ¿O es más cuestiones de 'querer' antes que de 'poder'? ¿Quieres volver a lo anterior? Tan solo dilo.

Pensar antes de actuar, y a veces simplemente pensar.

Tuesday, June 16, 2009

Metamorfosis

La pareja camina por el pasadizo luego de haber sido invitados a pasar por una amable anciana. El manicomio blanco con tonalidades de gris se expande ante ellos ofreciéndoles cientos de puertas de dónde escoger, una de las cuales mantiene prisionero a quien, esperan, los ayudará en lo que sigue del plan.

Cuarto tras cuarto buscan al posible apoyo, y luego de cuatrocientas habitaciones exploradas, luego de visitar a cuatrocientas almas atrapadas por la locura, dan con la chica que querían. En sus manos logran ver un instrumento musical, una especie de cruce entre una cítara y una guitarra eléctrica, algo que aquella presenta como su arma secreta, el objeto que la liberará de esta prisión.

Por más que la pareja intenta convercerla, la muchacha no cree que exista otro medio posible de escapar sin su instrumento, y añade que aún le falta cerca de dos años para poder terminarlo. No cree en lo que le dicen, en que convencieron a la anciana que custodia la puerta principal, y comenta que lo más problable es que hayan sido engañados.

Preocupados, ambos regresan a la entrada. Sus sospechas se hacían realidad. La amable mujer que los había dejado entrar los miraba con una sonrisa malévola en los labios y con un dedo les indicaba el cuarto al que estaban siendo asignados a pasar el resto de sus días. Antes de ser encerrados, la chica con el objeto musical promete sacarlos pronto. Dos años no es demasiado tiempo.

Las apariencias engañan, y las ancianitas también.

Friday, June 12, 2009

La sociedad de Los Sucios

Esta mafia duerme en el suelo, con colchones, pero en el suelo. La primera vez que escuchó esto no lo pudo creer, incluso se río en la cara del que llegaría a ser su jefe. Un par de golpes lo volvieron un tanto más crédulo, pero no fue sino hasta que le tocó el lugar junto al baño que tomó las cosas de forma más seria. El olor proveniente del inodoro no era motivo de sonrisas, especialmente durante las noches.

El primer trabajo fue simple. Estuvo parado fuera del estacionamiento casi dos horas bajo la luz de la luna, fumaba uno que otro cigarillo para mantener la calma, y veía cómo cada uno de los carros iba saliendo minuto a minuto sin que otro tomara el lugar del anterior. Pronto no hubo razón para seguir vigilando y regresó con el grupo con las esperanzas de conseguir un auto para él mismo. A la cama sin postre.

La segunda asignación resultó ser el reto que esperaba. Esta vez le tocó un puesto más protagónico, y disfrutó cada puñetazo que propinó a un miembro que, dijeron las malas lenguas, era un potencial soplón. Lo felicitaron de sobremanera y hasta le compraron el hielo para desinflamar los nudillos, pero la cama junto al baño siguió siendo el final del camino.

Pero el tercer acontecimiento probó convertirse en la más difícil tarea. Debía mantenerse vivo. Para este trabajito se necesitó a poco más de la mitad de la organización, entre ellos los más confiables y los más útiles, por lo que le pareció curioso formar parte del plan. Entraron en el edificio exactamente a la medianoche con armas en mano, arrasaron con todo aquel que cruzó su camino y asesinaron a los más altos funcionarios de la compañía que en ese momento saqueaban. Consiguieron el botín, los grandes billetes por los que arriesgaron sus vidas, pero el grupo sufrió bajas tremendas. Por suerte se trataba de mafiosos de mala suerte que nadie extrañaría.

El resto de esa noche, la madrugada y parte de la mañana celebró con sus compañeros, y se dio con la gran sorpresa de que le habían comprado un nuevo colchón, aunque su lugar seguía estando al lado del apestoso lugar. Pasó el día intentando dormir, pero el olor, a pesar de ser tan insoportable como siempre, no lo dejó esta vez. Resignado a quedar en el mismo lugar para siempre, decidió arreglar de una vez por todas la cañería. Se encerró en el baño y no dejó pasar a nadie hasta que hubo terminado, ni siquiera le interesó la oleada de balazos que escuchó en cierto momento.

Cuando salió, sus compañeros yacían muertos en el suelo, producto del contraataque del mafioso soplón al que tuvo que golpear días antes y su nueva organización. Quedó en su lugar en silencio por unos minutos hasta que supo lo que debía hacer. Caminó procurando no pisar los cuerpos y se lanzó encima del colchón más alejado del baño, el cual declaró suyo. La pestilencia de los cadáveres no fue comparable con el nauseabundo inodoro. Y cuando lo fue, salió del lugar, tomó todo el dinero que pudo encontrar, subió a uno de los autos robados y no se le volvió a ver más en la localidad.

Cosa curiosa, la suerte.

Monday, June 8, 2009

No más basura, gracias, ya no tengo hambre

U
Un destello de luz, una brillantez que se opone al sol, la salida bloqueada por la inseguridad de las propias ideas. Alguien tomó una foto, en mi opinión no muy buena, y por más que en ella no se reflejó tu verdadero ser, puedo atreverme a decir que ahí estás. ¿Qué esperas para escapar? Otra luz, otra foto, y de nuevo la oscuridad cegadora que le sigue. Cobarde.

Algunos odiamos posar, con o sin cámara delante.

Thursday, June 4, 2009

De cerca

Los cuatro pares de ojos contaron su historia, su paso por este mundo y el roce con un alma en particular que les llamó la atención.

El primer par apenas y la observó, apenas y pudo mirar más allá de lo inmediato y superficial, aunque ello fue suficiente para llegar a la definitiva conclusión de que esta alma era una de aquellas que era mejor olvidar y dejar a su propia suerte.

El segundo pudo llegar un poco más profundo, vio cosas que nadie tendría que haber visto, no por ser prohibidas, sino por su enorme vileza. Consiguió encontrar todo lo que la humanidad llama maldad, y por eso tomó la misma decisión que el primer par.

El tercero vio lo que sus predecesores, y fue justo por ello que no eligió irse, sino ayudar y curar. No hubo mejoras al principio, pero con los años el alma fue consiguiendo pureza. Sin embargo, antes de llegar a la perfección, abandonó a este par de ojos.

Dos generaciones de ojos pasaron sin dejar huella, al menos no una visible. Con sus decisiones enseñaron a esta alma que aquello que se encuentra perdido es mejor dejar así, y aunque la tercera trató de mostrarle lo contrario, la enseñanza ya estaba fuertemente aprendida.

Fue con el cuarto par de ojos que las cosas cambiaron. Este No vio ninguna de las tres cosas anteriores, no vio ni lo superficial ni la maldad ni la bondad. Lo único que vio, y que en última instancia le llevó al enamoramiento, fue un alma, solo un alma. Y eso bastó.

Mirar no es suficiente, hace falta ver.
Estas son las crónicas de un soñador empedernido que ha encontrado el significado último de las cosas por venir y que decide compartir su finito conocimiento para el bien de quien decida usarlo, si primero descubre cómo y en el tiempo suficiente como para que le sea útil. El único aviso es el siguiente: ¿De qué sirve mirar el futuro cuando el presente lo determina, y este, a su vez, es determinado por el pasado?