Wednesday, June 24, 2009

Cruzados y estrellados

Era la primera vez que portaba un arma, y ni siquiera sabía cómo había llegado a mí. Al principio las balas me parecieron pilas, no sabía cómo ponerlas en el cargador, no sabía ni para qué las necesitaría. Hasta que llegó el día.

Nunca entendí a mi profesora de Literatura, nunca. Sus métodos siempre llamaban la atención de sus colegas, y a nosotros sus alumnos nos tenía cansados con las locuras que preparaba. Esta vez quiso terminar el año con una obra muy conocida, pero con un vuelco en la forma de entenderla. Romeo y Julieta, dijo que se llamaba.

Tuvimos que leerla dos veces antes del proyecto. La primera para conocer la historia. Para la segunda nos pidió que enfocásemos nuestra atención en uno de los personajes a lo largo de la obra y que luego eligiésemos una escena en la que apareciese. Luego entendimos sus motivos.

El día de la asignación nos llevó a un estudio de películas en donde tenían armado todo un escenario medieval al lado de la playa. Fue entonces que nos dijo que debíamos interpetrar al personaje que habíamos elegido y encontrar a otros que quisieran formar parte de la escena que habíamos elegido. De inmediato me perdí entre el grupo de alumnos y me dije que no formaría parte de esto.

Pero no pude escapar. Estuve viendo a los demás actuar hasta que me topé con dos mocosos que decían ser Mercucio y Teobaldo y que me querían como Romeo. Al diablo, acepté para terminar de una buena vez, a pesar de haber elegido, en realidad, al Boticario. Se efectúa el duelo entre ambos personajes y, como es mi rol, busco vengar la "muerte" del alumno que hacía de Mercucio.

Todo este tiempo el juego de actuar como los personajes había sido pura imaginación. Algunos llevaban pequeñas ramas como espadas, otros simplemente usaban sus dedos índices. Yo, por mi parte, fui un tanto más lejos. En el momento de la muerte de Teobaldo, saqué la pistola que me había acompañado desde hacía unos días y disparé sin pensarlo demasiado. El chico cayó al mismo tiempo que los gritos de mis compañeros comenzaron a invadir el lugar.

No entendía por qué, pero sentía que no había hecho nada malo. Después de todo, en la película, con Leonardo DiCaprio y John Leguizamo, así había sido la escena, con pistolazo incluído. A mi parecer, una nota máxima era adecuada por tal excelente interpretación. Pero luego entendí mi error, mi grave equivocación. Tenía que haber leído el libro y no guíarme por la película. A veces no sé lo que hago.

El tramposo paga doble.

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Estas son las crónicas de un soñador empedernido que ha encontrado el significado último de las cosas por venir y que decide compartir su finito conocimiento para el bien de quien decida usarlo, si primero descubre cómo y en el tiempo suficiente como para que le sea útil. El único aviso es el siguiente: ¿De qué sirve mirar el futuro cuando el presente lo determina, y este, a su vez, es determinado por el pasado?