Sunday, June 28, 2009

A borbotones

Me creían muerto, y con justa razón.

Mi nombre es Rodrigo Díaz, alguna vez hijo, por el momento otro pobre diablo con muchas cosas en las que pensar y en busca de circunstacias para regresar a mi pasado olvidado. Alguna vez actor, pero de esa historia solo quedan cicatrices. Alguna vez estudiante, y arrepentido de ello por razones que no me atrevo ni a pensar.

Me he perdonado a mí mismo de crímenes por los que debiera cumplir condenas más grandes que mi propia culpa incrustada en el pecho, pero sé bien que pedir disculpas equivale a demostrar error de mi parte, y el orgullo impide que cometa tal traición a mi persona. Soy culpable, sí, de muchas cosas, pero basta con que solo yo lo sepa.

Como dije, me creían muerto, y debería estarlo. Lo acepto. Pero de nada sirven palabras sin contexto al cual adherirse, sin historia a la cual llamar escenario, por lo que me propongo relatar los hechos que me han conducido a este camino por lealtad al pasado del que provengo. Todo sea por encontrar perdón, y, quizás, por alcanzar la fama que por escurridiza nunca logré atrapar. ¿Por dónde comenzar?

A veces el principio no es el mejor punto de partida.

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Estas son las crónicas de un soñador empedernido que ha encontrado el significado último de las cosas por venir y que decide compartir su finito conocimiento para el bien de quien decida usarlo, si primero descubre cómo y en el tiempo suficiente como para que le sea útil. El único aviso es el siguiente: ¿De qué sirve mirar el futuro cuando el presente lo determina, y este, a su vez, es determinado por el pasado?