Monday, December 23, 2013

Palabras perdidas

Anoche volví a verte en mis sueños, allá a lo lejos, siempre distante, siempre indiferente. Pero esta vez la casualidad cruzó nuestros caminos y te vi llegar y tomar asiento a mi lado. No tuve más opción que tragar las palabras que tanto deseaba pronunciar ante tus miradas perdidas y la clara incomodidad que suponía encontrarnos después de tantos años, dejando que el familiar silencio ahogara nuestros pensamientos una vez más. Sin embargo, en medio de mis gritos silenciosos, descubrí que la casualidad nada tuvo que ver con este encuentro. En un pequeño pedazo de papel escribiste algo que no vi, lo doblaste en dos y, armada con tu usual confianza, te acercaste a mí y lo guardaste en el bolsillo de mi pantalón, tan sutilmente que quedé paralizado. Pronto volviste a alejarte; pronto volviste a desaparecer. Y fue entonces que desperté. Salté de la cama y comencé a buscar el papel en cada uno de mis pantalones, un papel que, sabía bien, no era más real que mi desesperado anhelo por hallarlo; una nota tuya por la que había esperado tanto y que jamás podría leer. A pesar de todo, seguiré buscando.

"La esperanza es lo último que se pierde".

Tuesday, November 12, 2013

Jugando a ser valiente

Qué extraño placer al vernos jugar en casas abandonadas, en medio de esa silenciosa soledad nuestra, en espacios vacíos, viejos y sucios, rodeados por una oscuridad monótona que falla al intentar ahogarnos en ella. El juego es nuestro, y nuestro el deseo de imaginar misterios nuevos, el afán de descubrir pasadizos interminables con puertas que puedan llevarnos a una infinitud de lugares desconocidos y divertidos, sin importar cuánto miedo sintamos de dar la vuelta a cada esquina. Un agujero por ahí, una pequeña grieta por acá; un eco, a la distancia, alrededor; el polvo en los ojos; nuestros pasos apresurados; la elusiva salida; y un terror sin nombre. Ya a la deriva, ya sin ganas, ya no más. Y la oscuridad queda detrás.


Algunas cosas es mejor dejar sin perturbar.

Saturday, March 2, 2013

Me perdí buscándote

Echo una mirada por la ventana del auto mientras aguardo la luz verde: dos chicos conversan fuera de una casa, un hombre lava su carro, una señora pasea a sus perros, los peatones cruzan la pista y los carros circulan ruidosamente. Pero en medio de la cotidianidad, avisto algo más, alguien camina de espaldas a mí meciendo el brazo con cada nuevo paso, totalmente ajeno al ajetreo de las calles. 

Ese preciso momento, esa escena tan específica, ese lugar, esa persona, ese andar y ese mecer me hacen dar cuenta, sin que exista espacio alguno para la duda, que algo me falta o que tengo mucho de algo más. Es difícil ponerlo en palabras, una idea tan esquiva, pero de atreverme a darle sentido diría que se trata de algo así: he tomado muy en serio mi vida, y al hacerlo la he malgastado.

Ese alguien soy yo, concluyo; el yo que pude ser; el yo que tomó decisiones diferentes, el yo que ahora deseo ser. Y aunque me esfuerzo por encontrar las ganas suficientes para abrir la puerta del carro y seguir su camino, aquéllas nunca llegan. Desde la ventana lo veo alejarse, hasta que la luz verde permite que avance, y así lo pierdo de vista finalmente, entre las bocinas y los autos que zumban al pasar; así me olvido de él. Y olvido, también, en dónde estoy y adónde voy.


Además de velocidad hace falta dirección.
Estas son las crónicas de un soñador empedernido que ha encontrado el significado último de las cosas por venir y que decide compartir su finito conocimiento para el bien de quien decida usarlo, si primero descubre cómo y en el tiempo suficiente como para que le sea útil. El único aviso es el siguiente: ¿De qué sirve mirar el futuro cuando el presente lo determina, y este, a su vez, es determinado por el pasado?