Monday, September 27, 2010

Eres como creo recordarte

La chica de los ojos verdes, perdida en el pasado como una imagen fuera de contexto, como la palabra a gusta en la punta de la lengua. Se escabulle entre tus sueños y los míos, disfrazada con recuerdos de una vida diferente pero familiar; es la fantasía de mis fantasías y el fantasma que te ronda, quizás recurriendo a sus encantos para salvarnos de algún mal camino, quizás solo aburrida. Se acerca, se abre paso entre miles como ella, extiende la mano y mira la tuya, pero antes de poder actuar la vista la pierde. No es más que una imagen, un efímero sabor. Y así de rápido como llega, aún más rápido se va.


Esa sensación de saber y conocer, y a la vez no tener idea.

Sunday, September 26, 2010

El hombre de los cincuenta


Había escuchado que lo llamaban "el hombre de los cincuenta", aunque ella sabía que con quien ahora se encontraba conversando, por donde quiera que lo mirase, no podía pasar de los treinta años. Tampoco parecía mostrar rasgos que lo vinculasen a aquélla lejana década, así que el apodo debía referirse a otra característica. Su imaginación la hacía inclinarse a centenares de posibilidades, cada una más improbable que las anteriores, y fue esto lo que en definitiva ocasionó que optase por saciar su curiosidad, así que se lo preguntó directamente. El hombre frunció el ceño, como si no creyese lo que estaba oyendo, pero ella estaba decidida a resolver el misterio, así que presionó por una respuesta. Enfurecido, el hombre se puso de pie, sacó su gorda billetera desprovista de tarjetas de crédito y dejó el dinero que cubriría el pago de su café. La chica no lo vio irse; su mirada fija sobre todas las monedas de cincuenta céntimos amontonadas en la mesa. Sonrió satisfecha.



El mundo necesita más excéntricos.

Friday, September 17, 2010

Falso recuerdo

Anoche tuve un sueño acerca de un recuerdo, una serie de televisión que no veía desde muy niño, y no pude contener las lágrimas al despertar, conmovido por las emociones del momento. Durante esos reconfortantes minutos me aferré a la imagen en el sueño y me sentí invadido por nostalgia y alegría; me vi a mí mismo de pequeño disfrutando horas interminables de juego, me vi en una de las etapas más felices de mi niñez.

Sin embargo, una vez que los sentimientos evocados fueron disminuyendo en su fuerza, al tratar de no dejar ir el recuerdo de esa serie de televisión, noté que algo parecía estar fuera de lugar. Esa imagen en el sueño era lo único que podía rescatar, no tenía nada más de dónde sujetar aquélla memoria, no había otro recuerdo más que el soñado. Me veía a mí mismo de niño viviendo cosas que realmente pasaron, pero esa serie no aparecía en mis recuerdos.

Y fue así como entendí que nunca había existido tal programa; que, efectivamente, mi vida había sido feliz, aunque sin él. Lo que en un momento tomé como cierto no era más que un hecho que nunca pasó y que mi memoria trató de hacer real. Pero ¿por qué? ¿Por qué inventar una ilusión que, al fin y al cabo, no cambia en nada mi pasado? ¿Por qué soñar un recuerdo falso? Y, aún más importante, ¿sería el único?


El sentir es verdadero, no importa cuán falso sea aquello que lo causa.

Thursday, September 2, 2010

Invisible a la vista (segunda parte)

Volví a verlo, esta vez en la playa, y recordé algunas de las cosas que había estado haciendo para recobrar la identidad que una vez perdió. Al comienzo no supe qué pensar, pues creía que no querría volver a ser él mismo y que por ello había apostado por conseguir una nueva persona. Pero tras meditarlo comprendí que ya no se trataba huir de sí mismo al vivir sin identidad, sino de volver a ser alguien, incluso si eso suponía regresar a ser lo que fue. Un año sin que el mundo lo reconociese o lo tomase en cuenta por más de unos segundos debe haber sido suficiente tormento.

Acudió a la casa de sus familiares en busca de una viejas videocintas en las que había sido grabado durante sus años de infancia. En ellas aparecía corriendo, saltando, jugando, gritando y llevando a cabo una serie de actividades comunes en cualquier niño de ocho años, pero para él era el material perfecto para hallarse, para analizar su comportamiento y rescatar su personalidad, su esencia. En las palabras pronunciadas, los gestos hechos y los actos realizados detectaba rasgos de lo que alguna vez fue, y de ellos se aferraba, de ellos pretendía armarse de vuelta.

Todo esto me hizo ver que su identidad no solo era desconocida por las personas en general, sino también por él mismo. Vivía en un cuerpo que le era ajeno y su comportamiento tendría que haber sido totalmente errático y desligado de consistencia, alguien diferente cada día, cada segundo. Y, sin embargo, un armatoste con características suficientemente cohesionadas, e insignificantes, como para saberse nadie en todo momento. Si alguna vez temió ser él mismo, no alcanzo a imaginar el terror que ahora le supone no ser alguien.


¿Soy lo que fui y lo que seré?
Estas son las crónicas de un soñador empedernido que ha encontrado el significado último de las cosas por venir y que decide compartir su finito conocimiento para el bien de quien decida usarlo, si primero descubre cómo y en el tiempo suficiente como para que le sea útil. El único aviso es el siguiente: ¿De qué sirve mirar el futuro cuando el presente lo determina, y este, a su vez, es determinado por el pasado?