Thursday, February 9, 2012

Promedio

Haz comenzado a odiar tus sueños, no por los ocasionales contenidos negativos, sino por esa intrínseca verdad con que van cargados y que tanto asocias a tu realidad. No es el peligro o el dolor de lo que huyes, son los momentos de felicidad. Una sonrisa, una sensación de bienestar, una emoción placentera; ante el más mínimo indicio de que algo de aquéllo ingresará a tu mente, decides despertar. Tan real se vuelve todo lo que sueñas que experimentarlo dormido es traicionar a tu yo despierto, más aún sabiendo que poco de lo soñado irá a suceder en la realidad. ¿Por qué soñar con sonrisas si la vida sólo te muestra su lado amargo? Pero hay algo más ahí que ocultas. Quizás no sea dejar de sentir placer al soñar, sino verlo en otros que no lo merecen al andar despierto, como vivir la vida de los demás cuando duermes y abrir los ojos asqueado al saber que nada experimentado te pertenece. Pero no eres víctima ni culpable, tan solo un intermediario más, un conducto a través del cual las personas pueden alcanzar la felicidad o caer rendidos. La mala noticia es que, indistintamente del desenlace, habrás de vivirlos tú primero. Y sufrir por ellos también.


El límite entre perfección y fracaso total.


Fuente de la imagen: http://th09.deviantart.net/fs70/PRE/i/2011/225/c/2/misterious_by_0emptiness0-d46fovt.jpg
Estas son las crónicas de un soñador empedernido que ha encontrado el significado último de las cosas por venir y que decide compartir su finito conocimiento para el bien de quien decida usarlo, si primero descubre cómo y en el tiempo suficiente como para que le sea útil. El único aviso es el siguiente: ¿De qué sirve mirar el futuro cuando el presente lo determina, y este, a su vez, es determinado por el pasado?