Saturday, June 11, 2011

Yo estoy aquí

Lo peor no es imaginar la vida como un sueño, sino vivirla dentro de uno. ¿Pero qué sucede cuando la línea que divide lo real de lo fantástico se borra? ¿Qué hacer cuando ya no es posible distinguir las propias creaciones de todo aquello que ya es en sí mismo? ¿Cómo encontrar la diferencia? O ¿por qué hacerlo? Ya no puedo decir qué es verdad y qué una invención desesperada, pero sí maravillarme, sí disfrutar de lo que siento, sí aceptar lo que el mundo ya no puede contener. ¿Por qué negar la existencia de lo irreal cuando mis ojos no pueden ver otra cosa? Si soy feliz en una imaginación que desborda los límites del pensamiento, ¿quién soy para negar que algo de esto realmente esté sucediendo? Si vivir en un sueño es peor que considerar la vida como uno, ¿por qué no me siento culpable? Hay una sola respuesta: No estoy soñando.


El mejor sueño es el que se vive despierto.

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Estas son las crónicas de un soñador empedernido que ha encontrado el significado último de las cosas por venir y que decide compartir su finito conocimiento para el bien de quien decida usarlo, si primero descubre cómo y en el tiempo suficiente como para que le sea útil. El único aviso es el siguiente: ¿De qué sirve mirar el futuro cuando el presente lo determina, y este, a su vez, es determinado por el pasado?