Rebelde sin ganas de fastidiar

El problema comenzó cuando uno de los participantes dio la vuelta y amenazó a quien iba detrás de él por haberlo insultado. Al principio, sumido en una rabia tremenda, discutió con el trasgresor sobre lo que era correcto y cómo el acto que acaba de realizar había manchado no solo su alma sino la de todos sus antepasados. Como no vio que sus palabras le afectaran, se dejó llevar por la fuerte emoción del momento y se lanzó contra él, lo derribó y lo dejó noqueado tras asestarle unos cuantos golpes.

Al rato, un tanto más tranquilo pero aún molesto por la injuria, decidió que lo mejor sería no perder tiempo lamentándose y realizar el ritual de purificación para el que estaba ahí como tantos otros. Sabía, como el resto, que debido al reciente insulto esta ceremonia se alargaría un par de horas más de lo esperado pues ahora tendría que ser purificado él también. No tenía idea de quién había determinado que pisar la sombra de otro equivalía a maldecirlo, pero la dificultad no recaía en seguir una serie de preceptos y creencias complicados, sino en aceptar a los graciosos que gustaban de poner a prueba aquello. Y el realizar estos rituales frente a fogatas y antorchas tampoco ayudaba mucho.


A veces no viene mal cuestionar ciertas cosas.

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