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Laberíntico

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No sé si es la vida quien me lleva hacia ti o tú quien se acerca, y aunque intento no darle importancia, vuelves a aparecer frente a mí, como una señal que soy incapaz de entender, una serie de significados que han ido tejiéndose a tu piel para conformar esa imagen tan familiar que resuena en mis recuerdos, pero suficientemente difusa como para no reconocerte. Lo peor no es fallar en saber quién fuiste, sino verte dar pasos hacia atrás cuando yo los doy hacia adelante, o notar que vacilas cuando no hay paso alguno. Es por eso que hasta que no consiga descifrarte o yo mismo crear una imagen en tus pensamientos, me contentaré con llegar a la mitad del camino, donde tal vez la vida ya te haya llevado a ti. La vida y sus inexplicables métodos.

Peor que los cigarrillos

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Antes de salir de casa te cercioraste de tener los mil dolares en el bolsillo, aún sin saber para qué diablos te los había dado tu padre. Como todas las madrugadas, ibas de camino al paradero donde subirías al carro de siempre, dormirías la hora entera de viaje y pasarías cerca de ocho horas sentado detrás de un escritorio leyendo y firmando papeles en blanco. Pero un golpe en la cabeza hizo de esta madrugada algo totalmente distinto. Cuando abriste los ojos notaste que estabas sentado detrás de un escritorio, pero en lugar de papeles había cuchillos, pinzas, sierras y herramientas que nunca habías visto en tu vida, todas brillando bajo la única lámpara del pequeño cuarto. Intentaste moverte, pero al instante notaste las cuerdas que te mantenían sujeto a la silla, así como la mordaza que cubría tu boca, y pronto una voz que provino de algún lugar de la habitación te hizo olvidar por completo lo anterior. Luego de adaptarte un poco a la iluminación, conseguiste ver a quien hablaba, un...

Atrás no hay nadie

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Nos tropezamos un lunes como hoy, hace siete días, te vi y por unos instantes no supe qué pensar de ti. Estabas sentada frente a mí dos meses atrás, hablando del amor y de la muerte mientras comíamos alfajores. Un año antes paseábamos por las tiendas de una galería y pedías que te grite como si estuviese enojado contigo, pero yo no quise. Varios días anteriores a eso regresabas de un viaje al extranjero y traías una maleta a pesar de haberte marchado con dos; decías que parte de ti se había quedado en el camino, que era mejor así. Hace cuatro años te hablé por primera vez, ya no sé ni cómo me atreví, y terminamos yendo al cine a ver una mala película. Estabas frente a mí cinco años atrás, no te había visto antes, no sabía quién eras o por qué mis amigos te conocían; sólo sé que ese fue el peor día de mi vida. Nos tropezamos un lunes como hoy, y desde entonces no te he vuelto a ver. Un vistazo al pasado ayuda a aclarar el presente.

Eres como creo recordarte

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La chica de los ojos verdes, perdida en el pasado como una imagen fuera de contexto, como la palabra a gusta en la punta de la lengua. Se escabulle entre tus sueños y los míos, disfrazada con recuerdos de una vida diferente pero familiar; es la fantasía de mis fantasías y el fantasma que te ronda, quizás recurriendo a sus encantos para salvarnos de algún mal camino, quizás solo aburrida. Se acerca, se abre paso entre miles como ella, extiende la mano y mira la tuya, pero antes de poder actuar la vista la pierde. No es más que una imagen, un efímero sabor. Y así de rápido como llega, aún más rápido se va. Esa sensación de saber y conocer, y a la vez no tener idea.

El hombre de los cincuenta

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Había escuchado que lo llamaban "el hombre de los cincuenta", aunque ella sabía que con quien ahora se encontraba conversando, por donde quiera que lo mirase, no podía pasar de los treinta años. Tampoco parecía mostrar rasgos que lo vinculasen a aquélla lejana década, así que el apodo debía referirse a otra característica. Su imaginación la hacía inclinarse a centenares de posibilidades, cada una más improbable que las anteriores, y fue esto lo que en definitiva ocasionó que optase por saciar su curiosidad, así que se lo preguntó directamente. El hombre frunció el ceño, como si no creyese lo que estaba oyendo, pero ella estaba decidida a resolver el misterio, así que presionó por una respuesta. Enfurecido, el hombre se puso de pie, sacó su gorda billetera desprovista de tarjetas de crédito y dejó el dinero que cubriría el pago de su café. La chica no lo vio irse; su mirada fija sobre todas las monedas de cincuenta céntimos amontonadas en la mesa. Sonrió satisfecha. El mun...

Falso recuerdo

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Anoche tuve un sueño acerca de un recuerdo, una serie de televisión que no veía desde muy niño, y no pude contener las lágrimas al despertar, conmovido por las emociones del momento. Durante esos reconfortantes minutos me aferré a la imagen en el sueño y me sentí invadido por nostalgia y alegría; me vi a mí mismo de pequeño disfrutando horas interminables de juego, me vi en una de las etapas más felices de mi niñez. Sin embargo, una vez que los sentimientos evocados fueron disminuyendo en su fuerza, al tratar de no dejar ir el recuerdo de esa serie de televisión, noté que algo parecía estar fuera de lugar. Esa imagen en el sueño era lo único que podía rescatar, no tenía nada más de dónde sujetar aquélla memoria, no había otro recuerdo más que el soñado. Me veía a mí mismo de niño viviendo cosas que realmente pasaron, pero esa serie no aparecía en mis recuerdos. Y fue así como entendí que nunca había existido tal programa; que, efectivamente, mi vida había sido feliz, aunque sin él. L...

Invisible a la vista (segunda parte)

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Volví a verlo, esta vez en la playa, y recordé algunas de las cosas que había estado haciendo para recobrar la identidad que una vez perdió. Al comienzo no supe qué pensar, pues creía que no querría volver a ser él mismo y que por ello había apostado por conseguir una nueva persona. Pero tras meditarlo comprendí que ya no se trataba huir de sí mismo al vivir sin identidad, sino de volver a ser alguien, incluso si eso suponía regresar a ser lo que fue. Un año sin que el mundo lo reconociese o lo tomase en cuenta por más de unos segundos debe haber sido suficiente tormento. Acudió a la casa de sus familiares en busca de una viejas videocintas en las que había sido grabado durante sus años de infancia. En ellas aparecía corriendo, saltando, jugando, gritando y llevando a cabo una serie de actividades comunes en cualquier niño de ocho años, pero para él era el material perfecto para hallarse, para analizar su comportamiento y rescatar su personalidad, su esencia. En las palabras pronuncia...