Monday, August 10, 2009

Algo más que lo supuestamente aparente

Queríamos jugar fútbol, así que fuimos a buscar el balón a mi casa. Entramos a mi habitación y nos topamos con tres sorpresas.

La primera fue ver a una chica durmiendo en mi cama, una completa desconocida acurrucada entre las sábanas y babeando sobre las almohadas. La segunda la encontramos en el armario, donde el balón estaba partido en docenas de pedazitos, como si no fuese más que un dibujo de papel. Y la tercera la descubrimos mientras veíamos las dos primeras y a la misma vez que reparábamos en el lugar donde nos encontrábamos.

Hoy me río, pero no dejo de pensar cómo fue que conseguimos entrar en una casa que no era la nuestra, con un juego de llaves que no tendría por qué haber servido en la cerradura y sin notar que los pasadizos y las estancias no eran para nada familiares. Seguro estábamos borrachos, mi amigo imaginario y yo. Quién sabe.

Cuando decían que las apariencias engañan tenían razón.

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Estas son las crónicas de un soñador empedernido que ha encontrado el significado último de las cosas por venir y que decide compartir su finito conocimiento para el bien de quien decida usarlo, si primero descubre cómo y en el tiempo suficiente como para que le sea útil. El único aviso es el siguiente: ¿De qué sirve mirar el futuro cuando el presente lo determina, y este, a su vez, es determinado por el pasado?